Neko Radio :: feat. Hayley Westenra sings Japanese Songs
Instrumento.
(Del lat. instrumentum).
m. Conjunto de diversas piezas combinadas adecuadamente para que sirva con determinado objeto en el ejercicio de las artes y oficios.
Los hay de muchos tipos, pero bien podríamos generalizarlos en dos grupos: para destruir y para construir. Los hay de tortura y de chantaje, como también los hay musicales y de arquitectura. Los primeros, triste es aceptarlo, parecen surgir casi de manera espontánea, fruto del rencor, la furia, la frustración, el instante. Los segundos son la cosecha de una delicada siembra, frutos del pensamiento, la meditación, la virtud, la historia.
Y en medio de todos. La Voz.
Destructora y Creadora. Capaz de borrar y construir la historia, la Voz es más que un instrumento poderoso: es nuestra esencia, punto de partida de la humanidad, espejo (¿roto?) capaz de reflejar bondad y desprecio valiéndose de la Palabra, su hermana gemela. Voz y Palabra van de la mano, inseparables. Voz y Palabra que pueden anclarse en análisis o levitar en misticismo. Voz y Palabra que pueden perderse en el viento o tatuarse en el corazón y convertirse en eslabón para unir seres humanos más allá de toda frontera.
Voz y Palabra que son poesía. Voz y Palabra que son torre de marfil sobre la que crecen, a cada segundo, los acordes de una melodía.
Para quienes escuchamos -primordialmente- canciones en japonés (que no es lo mismo que "música japonesa") desde hace tiempo, suele ser complicado argumentar esta preferencia. Un felino servidor lo hace basado en dos atributos de la lengua en cuestión. Para empezar, toda lengua entraña su propia música, un ritmo que la caracteriza e identifica como una huella digital; en este sentido, no hay ritmos buenos o malos, pero sí hay oídos más propensos a encontrar agradable y degustable una lengua que otra.
El segundo atributo es economía. El poder concentrar significados con el menor número de palabras o sílabas posibles, algo que en nuestra lengua nunca ha sido del todo frecuente (el castellano es pasional, expresivo, detallado) y que al japonés le viene de origen a través del tanka, kanshi y haiku. Pero economía de la lengua es más que espacios reservados: es poder, misterio, versos que pueden tomar múltiples significados y que el lector/escucha puede hacer suyos en infinitas formas.
Así, tal vez por genética, tal vez por formación o (tal vez) por simple afán de rebeldía, desde sus años más adolescentes Il Gato fue hipnotizado por el japonés.
Es también por estas razones que toda traducción del japonés siempre resulta imprecisa e insatisfactoria. Sin embargo, curioso hallazgo tuvo lugar cuando el felino, en medio de la rutina, se halló de frente a un álbum de la reconocida soprano Hayley Westenra en que ofrece extraordinarias versiones de once emotivas baladas. Pero sólo decir que Hayley (quien goza de notable presencia en Japón) "tradujo" once melodías japonesas contemporáneas sería un insulto. De propia mano e inspiración, Miss Westenra sublimó la esencia de la lengua invitada (y su cultura) para trasladarla a un inglés discreto, tímido, elegante y pleno de significado.
Y aunque esta antología se vea cubierta por el nada original título Hayley sings Japanese Songs, mención honorífica merece al adentrarse (y salir airosa) en el peligroso terreno del tributo más allá de la barrera del idioma (con excepción de Amazing Grace -un himno sin fronteras- y de Sen no Kaze ni Natte, adaptación del poema Do not stand at my grave and weep de Mary Elizabeth Frye). Digna de honores no sólo por el impecable manejo del gran instrumento en sus dos facetas (Voz y Palabra), sino también por ofrecer nuevas luces sobre el sortilegio que el 日本語 ejerce sobre muchos habitantes de habla hispana… desde hace décadas.









