A Windy Life :: 03 :: Elizabeth y el camino sin trazar

Septiembre 12, 2009 | Kaze no Shoujo Emily |

Para venir a lo que no eres,
has de ir por donde no eres.

- San Juan de la Cruz, Versillos del Monte de Perfección.

 

 

Kaze no Shoujo Emily es un relato de confrontaciones, de polos opuestos en (aparente) interminable conflicto. El final del siglo que terminó de sentar las bases de la vida moderna vs. el siglo que convirtió  la modernidad en patología. El imponente academicismo de las bellas artes vs. formas de expresión en plena libertad. Una sociedad dominada por el hombre vs. mujeres dispuestas a hacer valer su visión del mundo. Pero detrás de todos  estos contrastes "de fin de época" figura uno mucho más longevo y que, inevitablemente, no hemos terminado de padecer. Y ojalá y nunca lo hagamos, pues en ello radica buena parte del espíritu humano.

Deber vs. Querer. Oponer las acciones que el momento amerita (en pos del bien común) contra el bienestar individual.

En Kaze no Shoujo Emily, el toma y daca entre estas dos fuerzas se presenta en infinidad de formas en la vida de todos sus personajes, aunque en ninguno tiene un efecto tan revolucionario como en la última matriarca del Clan Murray, Elizabeth.

Al inicio de la historia, Tía Elizabeth se muestra como una típica figura antagónica, la fuerza que se opone al lúdico despliegue creativo de Emily. No habría otra manera de verla: Elizabeth hace su primera aparición acompañando a la  muerte; su actitud fría e imponente parecen hacerla cómplice de la súbita partida de Douglas Starr. Los primeros episodios de Kaze no Shoujo Emily nos remiten a una estructura similar a la de los cuentos de Charles Perrault o de los  Hermanos Grimm, en que Emily toma el ambivalente papel de la damisela en desgracia Y del valiente príncipe en contra de la bruja malvada o la cruel madrastra, rol en que Elizabeth no tarda mucho en caer; jamás en afán de hacer sufrir a  la heroina, sino por circunstancias que la gran dama no se atreve a expresar, en primer lugar, porque son una herida que no ha terminado de sanar y -por supuesto- por el legado que pesa sobre sus espaldas y la obliga a mostrarse firme y  decidida en todo momento.

Una guerra inevitable. No por las abismales diferencias entre Elizabeth Murray y Emily Byrd Starr, sino por el íntimo paralelo entre ambas. Elizabeth perdió a una hermana, que era como una hija; Emily perdió tempranamente a una  madre cuyo recuerdo terminaría transformándola en cómplice, en una hermana. Desde su adolescencia, Elizabeth se hizo cargo de una familia que -aunque ya había entrado en decadencia- no podía permitirse perder la dignidad y el  respeto de la comunidad, templando en ella un fiero e infranqueable carácter; reconociéndose sola en el mundo tras la muerte de su padre, Emily no tiene más opción que luchar por sus intereses a capa y espada. El espíritu de Elizabeth  está profundamente marcado por su abuelo, Hugh Murray, cuyo legado venera religiosamente; periodista, libertador de ideas, Douglas Starr influye de manera decisiva en la vida de su hija, quien honra constantemente su memoria.

Resulta interesante señalar que a lo largo de sus 26 episodios, Kaze no Shoujo Emily nos ofrece el desarrollo de estas fuerzas como si estuvieran frente a un espejo. De la infancia a la adolescencia y a la edad adulta vamos observando  cambios muy profundos en el carácter de Emily y su vocación literaria, un desarrollo lineal acorde a su edad y creciente experiencia, mientras que el desarrollo de un personaje como Elizabeth se da a la inversa, con intensas reflexiones sobre los errores cometidos y las decisiones tomadas, caminando hacia atrás, hasta equilibrar (mas no igualar) su pensamiento con el de su sobrina.

Emily y Elizabeth inician el viaje en polos opuestos, en apariencia irreconciliables, y aunque el paso del tiempo y la experiencia las van acercando, sanando las fisuras, hay dos momentos en que el enfrentamiento se da de manera tan  directa y personal que, en cualquier otro contexto, la separación hubiera sido definitiva.

El primero: Emily, ya de 13 años, descubre que Elizabeth ha leido su diario. Emily se ofende por esa violación a la intimidad, pero Elizabeth se siente  devastada al saber que todos sus esfuerzos han sido en vano, cuidar y formar a Emily como (siente que) no pudo hacerlo con Juliet, no poder reparar el pasado en el presente, un doloroso fracaso.

El segundo: Elizabeth confronta a una Emily adulta poseída por la tristeza, el odio y la desesperanza; en esta escena (que en una épica tomaría el lugar de la última batalla), una de las más intensas y devastadoras de toda esta historia, Elizabeth salva la vida de su sobrina acabando con su orgullo y con el de ella misma; para salvar a Emily, Elizabeth debe destruirla y destruirse, verse en el espejo, admitir la derrota.

El último sacrificio.
Para acabar con todo.
Para empezar de nuevo.

Al final del camino, Elizabeth se reconcilia con el Querer sin abandonar el Deber. No hace a un lado su responsabilidad, su temple y liderazgo, pero ahora se sabe en pleno control de su vida. Sin embargo, pienso que el gran momento de  Elizabeth se dio mucho antes. Desde el primer episodio. Lo que nos remite a otra notable diferencia entre la obra de L.M. Montgomery y la adaptación que nos compete.

Situémonos en la cruel escena del sorteo entre los miembros del Clan Murray para decidir quién se haría cargo de Emily. En la historia original el sorteo transcurre sin mayor novedad: Emily toma uno de los papeles que sostiene Ruth y el nombre escrito ("Elizabeth Murray") es observado por todos, concluyendo la reunión, pero Kaze no Shoujo Emily ofrece un severo y simbólico contraste: en medio de la tormenta, la temblorosa mano de Emily se decide por uno de los papeles al tiempo que Elizabeth, de cara a la ventana, tal vez queriendo permanecer ajena a tan horrendo espectáculo, toma una decisión; Emily abre el papel, se estremece con el resultado pero… ¡nadie más ha escuchado el nombre del "elegido"! (incluso Ruth exige: "¿De quién se trata?, ¡dilo!").

Pero nadie lo sabrá, ni siquiera Elizabeth. "No es necesario", afirma la gran dama mientras toma el papel de las manos de Emily. De motu propio, Elizabeth tomó la decisión de cuidar de Emily. Sólo la pequeña habría conocido al "ganador" del sorteo, pero lo cierto es que nada se debió a los violentos giros del azar, sino a un acto humano, una elección hecha por deber (la responsabilidad que atañe ser cabeza de familia) y por amor (la única hija, el único legado de su querida hermana menor). No importa qué nombre hubiera estado escrito en el papel, el resultado hubiera sido el mismo.

Con esta acción (tal vez, la primera que tomó a partir de sus propios deseos), oasis entre el Deber y el Querer, las vidas de Elizabeth Murray y de Emily Byrd Starr cambiaron para siempre.

2 Nekomentarios »

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  1. Escrito por Agustin Bosso, 09/14/09 @ 7:23 pm

    Un punto mas me deja pensando Neko San.
    Hay otro punto dificil que carga Elizabeth y es debido a Jimmy-san. El unico hombre restante en la familia Murray es (a los ojos de es pre belle-epoque) un simplon (a nuestros ojos un poeta) que no puede DE NINGUNA FORMA mantener el ideal de la familia Murray. Cuantas peleas y discusiones de la era pre-Emily nos habremos perdido en la lucha Elizabeth-Jimmy? Elizabeth sabe que su familia esta en “decadencia”, se esta transformando en una familia que ya no es el pujante emblema del campesinado colonial que empezo de a poco unas generaciones atras (”cuando mi abuelo llego cruzando el mar…”, frase trillada en america, pero con tanto peso) y pudo construir un pequeño reino familiar a su alrededor. Solo quedan 3 en esa casa, una mujer con poco caracter, un simplon, y Elizabeth… la entiendo, desde su punto de vista. Lo bueno, es como dices, aprende a resignar ese mantener esa imagen y aprende a valorar, de Emily lo que no pudo aprender de Jimmy, quizas Jimmy le tuvo siempre miedo y paciencia… caracteristicas que Emily no tiene y pudieron enseñarle entonces lo que no pudo nunca nadie antes.

    (PD: que paso con el capitulo 1? …kickinekos.blogsome.com/2009/04/10/windy-prev/)

  2. Escrito por Koneko Sensei, 09/14/09 @ 8:41 pm

    Saludos, Agustín!
    Aunque por cuestiones de tiempo no me es posible responder a buena parte de los comentarios del blog, quiero que sepas que agradezco en gran manera el apoyo y atención que has mostrado a este proyecto. Desde la difusión de los episodios hasta certeras opiniones, tus aportaciones en The Alpine Path lo han enriquecido significativamente. Afortunadamente, aún quedan varios tópicos a tratar y, como siempre, será un honor contar con tus impresiones.

    Respecto a Jimmy, siento que él tampoco ha sido ajeno a las tribulaciones económicas y sociales de la Familia Murray. Si bien el no tener sobre sus hombros la responsabilidad de liderar una familia (¡y qué familia!) y su continuo contacto con la naturaleza le permitieron gestar cierta sensibilidad poética, su estrecho vínculo con el mundo práctico (el de la rutina, de la granja y las tareas del hogar) no le dieron el tiempo para expresar esa visión a través de las palabras o, tal vez, no lo vio necesario (la poesía va más allá de la “gloria” del reconocimiento).

    La poesía de Jimmy, considero, es como un diamante en bruto, esencial, fundamental; es la poesía de la vida diaria, de las cosas de todos los días… y es gracias a eso que logra acercarse -y ayudar- a Emily en sus momentos de mayor crisis.

    Por cierto, todos los links rotos del apartado de The Alpine Path ya fueron arreglados. ¡Gracias por la observación!

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