Powder snow :: El duelo

Agosto 13, 2009 | Notas del Día, Anime |

 

En víspera de la esperadísima segunda temporada de White Album, Kickinekos continua en su banal esfuerzo por motivar a los lectores a revisitar y revalorar esta singular pieza animada. Así es, "singular" a secas, ni "buena ni "mala", ni  "obra maestra" ni "basura insufrible". Simplemente "singular", singular en su equilibrio de puntos a favor y en contra (que son muchos… en ambos extremos), singular en la visión que ofrece de un mundo ya perdido, singular en su aproximación al amor de fin de siglo.

White Album divide opiniones, eso es claro. Y si bien el que escribe continua fascinado por su propuesta, lo único que se pide a través de estas líneas es una segunda oportunidad, que cada uno de ustedes se permita observar White Album no como una típica producción anime, observarla sin prejuicios ni afán de generalizaciones. Vivir la experiencia de White Album es ver el mundo con la mirada de un alma vieja, es imaginarnos veinte años más jóvenes y diez años más viejos.  Ver White Album (sólo así "ver") con una mirada obtusa y austera, limitada a nuestro tiempo (tan automático, tan patológicamente digital), sólo termina por ofrecernos un producto sin sentido.

White Album le pide mucho al espectador, ya lo hemos dicho, pero la recompensa lo vale, como bien vale una segunda mirada a sus diálogos. Siento que es algo injusto, porque White Album se saborea en plenitud combinando la precisión  de la imagen, con la música y el diálogo (hay muchos one-liner moments que son exquisitos), pero también considero que ciertos diálogos logran mantenerse en pie por si solos. En este sentido, el décimo tercer episodio nos ofrece un excelente ejemplo que, con ambiguo riesgo de spoiler, me atrevo a reproducir a continuación.

 

Noche.

Estacionamiento con amplia vista de Tokio.

Eiji Ogata mira satisfecho el oscuro horizonte.

- Hemos triunfado…

A unos metros, Touya Fujii le observa con fastidio. En silencio.

- Ahora viene la parte difícil. Para ambos.

Eiji y Touya, frente a frente.

- Todos a tu alrededor… son rivales. ¿No es así?

- Ellos no son…

- No hablo de que sean un "reemplazo" en la mente de Yuki.

- A mí… no me importa.

- Seguramente, Yuki toleraría una infidelidad.

Sorprendido y furioso, Touya reacciona.

- ¿Qué…?

- … pero ella jamás se perdonaría cometer una infidelidad.

- ¿Pero… de qué está hablando…?

Eiji parece ignorarlo. Continua, apuntando al cielo nocturno.

- Cierto, olvido a otro rival.

Frío. Cada vez más intenso.

Soltario, un copo de nieve cae lentamente, posándose en el dedo índice de Eiji.

Y luego otro. Y otro. Y otro…

- Parece que Yuki también ha cautivado al Dios de la Música.

- Yo… Rina y yo… sólo habíamos pensado en acabar con él. Con nuestras canciones, lo convertimos en esclavo, en herramienta. Él debía rendirse a nuestros pies.

La nieve continua. Se funde con las palabras.

- Sí… tal vez, ese fue mi error…

Touya medita, reacciona a la voz de Eiji.

- Pero Yuki es diferente. Ella sirve a ese dios. Él la moldea, se deleita con ella. Yuki goza en su compañía. Puede mirarlo cara a cara sin temor.

Ante la pasividad de Touji, Eiji se enfurece.

- ¿Acaso no lo viste? ¡Todo estuvo ahí, en el escenario! ¡¿Qué fue lo que viste?!

Silencio. Touya recuerda. Touya vive de nuevo.

Yuki. En medio de infinitos ramos de flores. Tan lejana.

- Ella quiere cantar. Ella no puede dejar de cantar. El día que deje de hacerlo, el día que deje de cantar… morirá.

Touya vive. Yuki. His everyday. Inalcanzable.

- El gran amor de Yuki es la música, ¿no es así?

Touya odia en silencio. "Eso es mentira", piensa.

- Por supuesto, estoy exagerando.

Touya reacciona. ¿Una oportunidad?

- Obviamente, ella no morirá sólo por dejar de cantar. Pero eso fue lo que sintieron esas cientos de personas… y yo, y tú también…

Touya padece. La mentira, si todos la creen, se convierte en verdad.

- Yuki nos da esa ilusión con cada una de sus canciones.

En medio de la nieve. Eiji, imbatible.

- Eso… es ser un profesional. Esa… es Yuki Morikawa.

Por primera vez, Eiji exige.

- ¿Qué harás ahora, jovencito?

Touya padece. "No me importa. Aún si tengo que enfrentarme a Dios…"

- Y si piensas enfrentarte a mí… ¿sentirías temor?

 

Declaración de guerra. Por primera vez, Touya Fujii se percata que el momento decisivo está cerca pero antes, la pregunta: ¿vale la pena luchar por Yuki?, ¿por qué Yuki?, ¿por qué, cuando hay tantas diosas a su alrededor?, ¿por qué,  cuando sólo sería un obstáculo en su proyecto de vida?, ¿por qué, cuando tendría que enfrentarse no sólo a un país entero, sino a la ilusión que ella misma ha creado?

Declaración de derrota. Eiji Ogata, el nuevo Rey Midas de la música, sólo se digna en mencionar a su hermana, su otrora obra maestra, una sola vez y casi por casualidad. No hay mejor prueba de la inminente muerte de Rina. Muere a manos del público, ávido de rostros nuevos. Muere a manos de si misma, presa del miedo y el hastío. Muere a manos de su hermano, obsesionado con la musa perfecta.

Declaración de renacimiento. Fin del mundo y revelación de uno completamente nuevo, pues con estas palabras parece nacer la vision de Idol como hoy la padecemos. Irónicamente, un modelo se desecha en pos de otro nuevo. Presagio de una industria que recicla musas… aún en nuestros días.

"La musa perfecta". Ideal inalcanzable. Rostro y personalidad que se pierden en el éxtasis de multitudes.

Esto es (parte de) White Album.

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