タ・カ・RA・も・の :: 01 :: Vanilla/Salt

Lo que es. Lo que no es.
Lo que puede ser. Lo que no puede ser.
Sí. No.
Cielo. Tierra.
Día. Noche.
Hombre. Mujer.
Tan viejo como el hombre sobre la tierra, el juego de los opuestos se ha vuelto parte de nosotros. Marca nuestras conciencias, determina nuestra noción del tiempo. Crea una imagen del mundo.
Es gracias a los opuestos, al inevitable acto de comparar, que el ser humano obtiene la seguridad y confianza necesarias para hacer camino con cada amanecer. "Dios está en los cielos. Todo marcha bien en el mundo." afirmaba Robert Browning en el espíritu de una época que se convertiría en brújula del mundo moderno, y es que el juego de los contrarios, de la diferencias, es también la base de buena parte de nuestro conocimiento, de las leyes con las cuales (confiamos) funciona el universo y todos quienes lo habitan.
Yo soy. Tú eres.
Y el juego apenas empieza.
Yo estoy. Tú estás.
Los contrastes se hacen evidentes y, con ellos, la curiosidad (y, con ella, el peligro).
Yo deseo. Tú deseas.
Y el juego deja de serlo, para tomarse en serio, para ser llamado vida, rutina.
Porque el juego de los contrarios es uno de descubrimiento, de indagar en el territorio que es "el otro". Descubrir sus evidencias, sus apariencias, sus carencias, sus virtudes. Conocer al otro por la única razón de que es distinto a mí, porque él (o ella) es lo que yo no soy, lo que yo no puedo ser. Y eso nos cautiva.
El juego de los contrarios relativos (muchas veces, sin percatarnos) es también uno de suspenso, de adentrarse en lo desconocido y ponernos en riesgo, pues en medio de nuestra aventura solemos olvidar que por el simple hecho de estar involucrados, las impresiones serán distintas. Conocer al otro es un experimento y, como en todo experimento, el observador altera el resultado a cada paso. Así, lo que da inicio con la noble intención de descubrir "al que yo no soy" se convierte en un (inconsciente) intento por descubrirnos en el otro, por saber cómo nos perciben ojos ajenos para -finalmente- definir nuestro lugar en el mundo.
Sin embargo, aún antes de empezar, el miedo se apodera de nosotros. Miedo por lo que pudiéramos ver reflejado en los ojos del otro; miedo por descubrir que no somos (lo que creíamos ser); miedo por saber que "el otro" que somos ante los demás nos cierre las puertas a otros encuentros, abriendo una reacción en cadena en que todos adoptan la imagen bajo la cual desean ser vistos. El juego de los contrarios se torna uno de espejismos: todo es, todos son, lo que pretenden ser, al tiempo que intentan descubrir lo que otros son, sin saber que la esencia que tanto buscan permanece oculta, envuelta en temor.
Juego de contrarios desde su título, Toradora! levanta el telón con una cadena de apariencias como escenario principal y de la que los dos protagonistas están aislados por situaciones que escapan a su voluntad. Aún sin contar con una imagen paterna y sin demasiados recursos, Ryuuji Takasu no ha sido ajeno al calor de una familia; el apoyo de su admirable madre y la compañía de su atípica mascota lo han mantenido con los pies en la tierra, firme en su papel de buen hijo y buen estudiante. Pero eso no le basta, pues nada de lo que él es le permite acercarse a lo que más desea.
Noble. Tenaz. Ryuuji. El dragón que surca los cielos y añora lo que es ajeno a su naturaleza: tierra firme.
Del otro lado del espejo, con una posición económica acomodada y unos padres en eterno conflicto, Taiga Aisaka no conoce otro método que el de abrirse paso por cuenta propia, bajo sus reglas y sin importar la opinión de terceros. Aún alejando al resto de sus compañeros con una actitud antipática y desafiante, a Taiga le basta la compañía de Minori Kushieda para seguir adelante, firme en su intención de vivir en libertad y lejos de un mundo que la repele y que a ella le resulta repulsivo. Pero eso no le basta, pues nada de lo que ella es le permite acercarse a lo que más desea.
Feroz. Valiente. Taiga. El tigre que recorre la tierra y sueña con lo único que escapa a su dominio: cielo azul.
Y el encuentro imposible sucede.
Los contrarios solitarios se hallan frente a frente, cada uno deseando lo que el otro posee.
Y el acuerdo imposible sucede.
El dragón, poniendo a prueba su nobleza, determina llevar al tigre más allá de las nubes, al reino donde todo se vuelve aire.
El tigre, doblegando su ferocidad, hará lo imposible para permitir que el dragón se pose sobre la tierra, reino de lo vivo y tangible.
Una doble apuesta.
De ser guardian y cómplice.
De ser lanza y escudo.
Juego de contrarios que desean no serlo. Preludio de una guerra cuyo primer paso es explorar el territorio a conquistar. Explorar el peligro de su sonrisa, los planes secretos que oculta en su mirada, su ejército de dulces palabras. Observar el poder del aroma en su cabello, de sus pasos que debilitan nuestras fuerzas.
Exploración. Observación. Descubrimiento.
Pre-paración.
Así transcurre Toradora!, la comedia de las falsas apariencias, de las pretenciones que se anulan entre sí. De opuestos que buscan lo imposible pensando en lo posible. Buscando fantasmas sin creer. Cazando platillos voladores sin atreverse a mirar al cielo. Dejar de ser quien se es: siniestra antítesis del juego de contrarios que termina no sólo alejando de su objetivo a quienes pretenden alcanzarlo, sino amenazando con despojar a los incautos de todo lo que ya son y poseen. Destruirlos por completo.
Se abre un círculo vicioso. Reino de los espejismos. Añorados, pero inalcanzables.
Sueño de cielo azul que se pierde en el polvo.
Deseo de tierra firme que se desvanece en el aire.
Y es entonces cuando el juego de contrarios revela su faceta más oscura: dos cuerpos no pueden ocupar el mismo lugar al mismo tiempo. Principio de impenetrabilidad, fundamento de la materia que no admite traición, so pena de destierro y soledad. Tales son las consecuencias de vivir en el reino de la lógica: no hay piedad para nadie, no hay segundas oportunidades, no hay tiempo de sobra, no se puede asegurar la felicidad propia y ajena, no se puede ser niño y adulto.
No se puede vivir para otro… cuando se es incapaz de vivir para uno mismo.







Y es así como se levanta el telón…
Me has tomado completamente desprevenido Koneko-sensei, más estoy complacido del resultado.
Estoy de acuerdo contigo, Ryuuji y Taiga son dos opuestos cuyos destinos se vieron entrelazados por un simple error, un descuido que cualquier pudo haber cometido; en su afán por conquistar el cielo inalcanzable para él, nuestro Tigre se ve cara a cara con el noble Dragón, que también, en su afán de pisar tierra firme, se encontraría inexorablemente con la única bestia ancestral capaz de estar a su lado codo a codo. Con ello, las puertas al descubrimiento fueron abiertas; siendo el Dragón quien más retos tendría que enfrentar en su lucha, pero esa es otra historia…
Sigamos adelante.