10 años de Contracorriente :: Conservar los recuerdos

Enero 31, 2009 | Blog, Notas del Día |

Aquel lugar, aquellos días,
En que reimos y lloramos sin parar…

Aunque ahora parecen tan lejanos,
Mi corazón no deja de decir… "Gracias".

Aunque esos momentos nunca volverán,
Vivirán por siempre en mi corazón… "Gracias".

Por siempre. Para siempre… "Gracias".

- Minami Nakatsukasa, Watashi no Tsubasa

 

A partir de la segunda mitad del siglo XX, el ser humano se ha visto maravillado con los constantes descubrimientos y prodigios que le ofrecen la ciencia y la tecnología. Constantes, continuamente renovados, uno tras otro. Desechables. La posibilidad de usar y tirar, sin mayor complejidad, no sólo derivó en un creciente afán de compra entre públicos de todas las edades, sino que mermó hasta en la misma psique de muchas sociedades, transformando costumbres, rituales y formas de expresión artística en meros medios de consumo; por supuesto, aquellas que por su estructura no son factibles de convertirse en producto, simplemente han sido hechas -poco a poco- a un lado, condenadas al olvido.

Decepcionadas, sintiéndose traicionadas ante los errores de antepasados (padres, abuelos) que han llevado al mundo al borde de innumerables colapsos, las nuevas generaciones prefieren refugiarse en la simulación de mundos, de apariencias, de afectos. Simulaciones que nunca terminan. Simulaciones que pueden usar y tirar a placer.

Entre la avaricia y el temor de los adultos, entre la apatía y la volubilidad de los jóvenes, la economía, la información, la educación, la vida misma está tomando un giro siniestro. Una vida basada por completo en abstracciones que se pretende tomar por "reales". Una vida en que lo concreto, lo tangible, por ser pasado, es considerado de inmediato como anticuado y errado.

Así, ante un panorama tan sombrío, resulta curioso que una simulación, un "producto" entre miles, se proponga exactamente lo contrario: mostrar que a pesar de sus debilidades, a pesar de haber sido (y ser) capaz de las más grandes atrocidades, a pesar de que el egoismo de unos cuantos siempre está a punto de derrumbarnos… a pesar de ser humanos es gracias a nosotros, a los millones que somos y a los miles de millones que han sido, que la belleza de este mundo existe gracias a nosotros, pues ésta se presenta sólo cuando hay alguien capaz de apreciarla y exaltarla.

Aunque historia de lucha, de coraje, de dolor y fortaleza, en Ojamajo Doremi no hay enemigo más fuerte y cruel que los propios temores: el temor de sentirse solo y abatido, el temor al fracaso, el temor al rechazo, el temor a lo desconocido, el temor al cambio…

Aunque colorida y alegre, Ojamajo Doremi no ofrece a su joven auditorio falsas esperanzas sobre el mundo que les espera allá afuera, más allá de la simulación, pues se trata de un sitio inhóspito que se llenará únicamente con los colores que ell@s mismos sean capaces de generar.

Aunque joven y dinámica, Ojamajo Doremi es una historia de reconciliación.

Reconciliación entre el pasado y el presente. Reconciliación entre el mundo concreto (ese que parecía sepultado entre simulaciones) y el mundo digitalizado. Reconciliación entre la perseverancia y la fe que caracterizaron a los jóvenes de ayer con la versatilidad y creatividad de los jóvenes de hoy.

Reconciliación que Ojamajo Doremi logra a través de la fuerza que nos confieren todas y cada una de las experiencias que marcaron nuestra infancia y prima adolescencia, pues son aquellas risas, aquellos encuentros, aquellos secretos y aquel llanto lo que llenará de sentido todos los días de nuestra vida, lo que marcará la pauta en la formación de nuestros hijos, lo que permitirá que el legado humano (el verdaderamente valioso legado humano) siga en pie.

Verdaderos. Invaluables. Únicos e irremplazables.

A diez años de Ojamajo Doremi… el futuro sigue estando en nuestros recuerdos.

おめでとうございます!

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  1. Escrito por Itsumo Demon, 02/3/09 @ 7:40 am

    Recuerdo que en el momento de ser joven, insistía con el no querer ver Ojamajo Doremi, siempre vivía con mi cabeza señalanando hacia otro lado, pensando que el mundo no podría verse de otra manera, más que con la simple manera en que lo podría ver en mi juventud (con los pensamientos que desarrolle en el entonces).

    Sin embargo, un día en que de mera casualidad la serie volvió a emitir su primer episodio, decidí darle un pequeño vistazo, y ese pequeño vistazo se convirtió en ver más allá de la primera temporada, y he de admitir que las risas, el llanto, la rabia y otros sentimientos se cruzaron en mi joven cabeza. No lo entendía bien en esos días, pero crecí, y junto a otros ideales, comprendí que Ojamajo Doremi representaba más de lo que yo creía, revelando lo encantador que es la vida, y lo triste que es a sus espaldas.

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