Somewhere in time…

Pide al Tiempo que Vuelva es un título asqueroso. No sólo por el extremo sazón a cursilería y melodramatismo que emana de cada una de sus palabras, sino por ser evidente, obvio, al punto de ser obseno. Es un título redondo, cerrado, limitado, sin mayor posibilidad para imaginar o de tejer a su alrededor una amplia cadena de significados, de miles de pensamientos que conforman un deseo.
Sin embargo, tal fue el título bajo el cual conocí, hace muchos ayeres, aquel filme protagonizado por una bellísima dama y un grato caballero que, para la vieja guardia, es mejor recordado en traje de mallas y calzoncillos, mientras que la imagen que buena parte de las nuevas generaciones tienen de él es la de un fallecido altruista a quien la vida le jugó una muy mala pasada.
El metraje en cuestión versa sobre un talentoso dramaturgo y la lucha por conquistar al amor de su vida. Situación que no tendría mayores problemas salvo porque la hermosa doncella lo fue (hermosa y doncella)… casi 60 años atrás.
Dos personas. Ambas víctimas del éxito en sus respectivos oficios. Ambas atrapadas en la soledad más devastadora, que es la de la multitud que aclama. Ambas añorando una posibilidad que no llegaría sino hasta 60 años antes, que sucedió 60 años después.
La posibilidad. La puerta. La vía perfecta para encontrar la felicidad.
Demasiado pronto. Demasiado tarde.
Dicho contexto (que había sepultado en los cajones de la memoría) no me había vuelto a intrigar sino hasta hace algunos meses, justo al observar una de las plotlines más conmovedoras de Kodomo no Jikan y que su (recientemente lanzada) direct-to-video adaptación animada despliega con plena intensidad y es que, aunque los reflectores se han centrado (últimamente) en los crecientes impulsos y conflictos de Rin, el encuentro entre Kuro y Shirai-sensei sigue teniendo un fortísimo eco en la mente del que escribe.
Educada "con valores", con una impecable "formación académica" y con una firmeza y voz de mando que le ha ganado el respeto (y temor) de sus colegas, Shirai-sensei reconoce que todos los esfuerzos de sus padres (y de ella misma) por destacar y ser ejemplo para sus pares lo único que ha logrado es alienarla y llenarla de frustraciones.
Y es que buscar sobresalir implica, por definición, estar solo.
Y es muy sencillo, ante tales situaciones, adoptar una postura "madura" y afirmar que todo ser humano es el arquitecto de su propio destino, que no somos sino la consecuencia de nuestros actos. Cierto. Pero también lo es que una presencia, una palabra en el momento y lugar precisos pueden transformar nuestra vida para siempre.
Por supuesto, no podemos permitir que la vida pase sólo por esperar esa presencia, esa palabra. Invento humano o no, el tiempo sigue adelante y, si la puerta de nuestras esperanzas no abre por más que lo intentemos, no hay otra opción que buscar otra puerta.
Cierto. La nostalgia es veneno. Es una droga que puede consumirnos al menor descuido pero, para quienes tuvimos que dejar atrás una puerta que no se abrió cuando más lo necesitábamos resulta muy amargo, años después, encontrarnos frente a esa misma puerta y descubrir (ahora sí) que su picaporte gira con tanta suavidad…
Años después… cuando pasar por ese umbral ya no tiene sentido.
Amargo sentimiento. Saber de la posibilidad que quedó atrás.
Aunque separadas por un abismo. Aunque irreconocibles a simple vista, Sae descubre en Kuro la presencia que tanto añoró en su juventud. La presencia que tanto le hubiera permitido superar las contradictorias influencias que forjaron su carácter y encontrarse a sí misma, lejos de padres que exigían lo mejor, de profesores que la convirtieron en ejemplo, de compañeras que la juzgaron con crueldad y que hoy, sin sacrificio alguno, alcanzan el "futuro pleno" (amor, pareja, familia) que la misma sociedad le recrimina.
Cierto. La nostalgia es veneno. Es una droga que puede consumirnos al menor descuido pero, para quienes hemos pasado años abriendo puertas que nos resultan ajenas, extranjeras; para quienes nos hemos visto reflejados en espejos que muestran a centenares de individuos, excepto al que deseamos ver resulta muy dulce, años después, encontrarnos frente a esa misma puerta y descubrir (ahora sí) que su picaporte gira con tanta suavidad…
Años después… cuando pasar por ese umbral ya no tiene sentido.
Dulce sentimiento. Saber de la posibilidad que llegó, tal vez muy tarde para hacer de nosotros lo que siempre soñamos, pero lo suficientemente oportuna para mostrarnos que existe, que nuestras esperanzas no fueron del todo en vano.
Pide al Tiempo que Vuelva es un título asqueroso. Pero nadie puede engañar a un corazón que, aunque cursi y melodramático, no puede sino decir la verdad: murmurar, al filo de la obviedad, un deseo tan inocente como imposible…






nunca es tarde nunca…
“Somewhere in time…” no sé que pensaría Christopher Reeve de escuchar vuestras palabras sabio gato, más no me queda la menor duda que has exteriorizado como nadie más puede el sentimiento que dejó atrás esta historia.
“Pide al tiempo que vuelva…” es una ilusión, una muy bella, pero ilusión finalmente.
Es cierto, nunca es tarde.
Me cuesta creer que Kaworu no tenga experiencia en la docencia, las situaciones que ocurren son tal cual las que mi novia (maestra de primaria en escuelas del estado) me cuenta que ocurren a diario.
La directora conductista (Si, Skinner, tu nombre no es en vano y Matt Groening es un genio) contra los profesores constructivistas, los profesores que dicen a todo que si a la directora y en el aula aplican sus teorias, mas nuevas, mas humanas, mas naturales.
Daisuke hace las delicias del razonamiento de Piaget solo que oscurecido por la falta de experiencia e incapacidad de poner en orden el aula.
Sin embargo su caracter lo lleva a no callarse, y asi enfrenta a Sae quien con su personalidad avasalladora y abundante experiencia no duda en poner en su lugar al novato profesor.
Esto es el dia a dia en muchisimas escuelas, de mi pais, del mundo.
Sin embargo la historia tiene un final feliz: Sae comienza a darse cuenta: el constructivismo no es una teoria de filosofos, es un analisis coherente del proceso que hacemos los humanos cuando aprendemos, crecemos.
Sae cae entonces en la teoria que por antonimia rechazaba… no en el razonamiento, sino en la experiencia de su propia vida