10 años de Contracorriente :: Proteger la historia
Sogeking.
Esa bandera… quémala.- Monkey D. Luffy
Resultar "vencedor" tiene muchos privilegios, pero -sin duda- el más importante de todos es el poder implantar una perspectiva única de la historia, tanto a los "vencidos" como a generaciones futuras. Toda región, todo país, el mundo entero tiene una historia "oficial" que contar, pero el hecho de ser "oficial" no la hace verdadera. De hecho, por cada palabra de historia "oficial" existen miles, si no millones de historias "no-oficiales". Historias de vencidos, de víctimas, de voluntades reprimidas en pos de la "seguridad", la "libertad" o la "estabilidad".
Y tal es, precisamente, uno de los mayores aportes de One Piece al público joven:
la doble cara de la historia y las autoridades.
Aunque buena parte del crédito cae en hombros del maestro Eiichiro Oda, la adaptación animada de One Piece merece una mención aparte por el notable despliegue artístico de su staff y por el renovado enfoque que propone a sus momentos e ideas más fascinantes; momentos e ideas que, aunque presentan la estructura "en espiral" que caracteriza a muchos relatos shounen (cada vez más grande, más rápido, mas fuerte), es gracias a su sólida galería de personajes (todos detalladamente construidos, de gran fortaleza e inspiradora templanza, pero lo suficientemente imperfectos como para crecer a cada paso), muy creativos escenarios (un mundo de infinitas maravillas, que también parece crecer con cada nuevo reto) y un argumento en que el espíritu de aventura es la fuerza que desencadena todo acontecimiento que esta gran obra se ha ganado el aprecio de toda una generación.
One Piece valida la presencia de autoridades, dado que crean la estructura de la sociedad, pero también reconoce que, entre más grande (global) y poderosa es la autoridad, mayor es el riesgo de que esté dispuesta a todo con tal de mantener el control. Todo, incluyendo infundir el miedo y -por supuesto- alterar la concepción de la historia; pero control y estabilidad, por definición, implican seguir en el mismo sitio, estático, muerto…
No hay peor castigo para una persona (y para una civilización) que verse privada de su pasado, de su identidad, de su origen. No importa que tan cruel sea. No importa lo difícil y despiadado. Sin permitir que nos esclavice, el pasado nos define, es la brújula que nos permite saber dónde nos encontramos (requisito indispensable para empezar a caminar).
Y cuando la autoridad se corrompe, el ser humano no tiene más opción que recurrir a lo único con que cuenta. No su religión. No su ideología política. Ni siquiera la ciencia. Lo único con que cuenta el ser humano. Sus deseos más profundos. Su fuerza más grande. Su voluntad más pura. Sus dos manos. Y las manos de quienes le acompañan con sinceridad y profunda amistad.
Sólo eso necesita. Sólo eso. Y nada más.
Sólo por eso vale la pena pelear. Sólo por eso. Y nada más.
Por temor al pasado (que no conocen) y a las "amenazas" del presente (que no entienden), buena parte de los habitantes del mundo de One Piece permiten que el Gobierno Mundial sea quien dicte los designios del universo. Con su apatía, todos han dejado el camino libre para que la autoridad ejerza poder absoluto sobre su vida y voluntad.
Todos… al menos, hasta la implacable -y última- afrenta de Gol D. Roger.
A lo largo de una década, cada episodio de One Piece ha visto plasmada una vena romántica y humanista digna de la obra de Robert Louis Stevenson, Herman Melville o Walt Whitman; un relato para la posteridad gracias al cual los jóvenes podrán reconocer -en ellos mismos- la única fuerza para descubrir y transformar el mundo.






quienes son capases de pelear sin importar los que se les cruse en el camino son quienes se meresen vivir en este mundo
Ahhh me siento una otaku incompleta al no haber visto/leído nada de One Piece.
Pero es que, con la cantidad de capítulos que lleva y los 50 y dele tomos de manga, me da pereza.
One Piece. Obra Maestra. Es admirable lo que Oda-sama ha hecho con One Piece. Único.
50 tomos son nada. A mí se me hicieron muy pocos.
Nada más que decir.
es una obra maestra.