200k :: A falta de CAKE… cherries?
Expertos en la materia afirman (¡qué mala costumbre la de comenzar los posts cual episodio de Dennou Coil!) que la vida útil de un camión de carga son 200.000 kilómetros; también se afirma que la raza que nos ocupa viene vagando por el mundo desde hace (casi) 200.000 años y, por supuesto, 200.000 papelitos verdes es lo que solía costar un modestísimo tour por la estratósfera, cortesía del buen amigo Richard Branson.
¿Y qué viene todo esto?, pues a que -desde hace unos días- esa lista de trivialidades numéricas ya cuenta con la nefasta presencia del blog más bajo en calorías de toda la comarca.
¡Así es! Kickinekos está conmemorando (de forma tardía… y con mucha pereza) 200.000 visitas. Tres años y cuatro meses. 1580 días. Pero se alcanzó la… ¿meta?
¡En lo absoluto, mes étudiants! Y no lo es debido a una ligerísima razón, que no me cansaré de repetir: desde su creación, Kickinekos se ha basado en el único e irreductible principio de ofrecer (únicamente) los disparates que su workaholic autor decida publicar.
Por supuesto, como sabrán los más longevos entre los longevos, el apestoso comenzó como un espacio dedicado a noticias y reviews debido precisamente a la (en ese entonces) escasez de blogs hispanos en la materia. A tres años de distancia, nadie puede afirmar que no existen fuentes confiables (y en español) sobre el medio que nos ocupa, de ahí que el jugoso haya abandonado por completo su vocación informativa para dedicarse a…
- ¿Espiar colegios en busca de CAKE?
- ¿Fumar el green de los campos de golf más exclusivos?
- ¿Meditar sobre la vida, cual yukkuri?
- ¿Espiar colegios en busca de CAKE? (juat? o_o…)
"Aventarse del avión… sin paracaídas"Sin planearlo, así de sencillo. Escribir lo primero que venga a la mente. Escribir lo que me venga en gana. Sin límites de ningún tipo. Sin preocuparme por la extensión de los posts. Sin preocuparme por las imágenes. Nada. Escribir lo que me venga en gana.
¿Ha dado resultado? No lo sé. El derecho a responder esa pregunta es únicamente de ustedes, de los que leen, de los que dedican un poco de tiempo para observar las conclusiones de un felino plagado de contradicciones y locuras, un sujeto cuyo motto puede resumirse en que ver anime, leer manga, jugar games o sus derivados, por sí mismos, no son muy distintos al consumo de una droga.
Ver por ver, leer por leer, jugar por jugar, considero, no sólo es una ofensa para quienes dedican sus vidas a desarrollar -y difundir- estas "nuevas" formas de expresión (que no son "nuevas" en los hechos pero sí respecto a, digamos, las artes clásicas), sino también una ofensa hacia nosotros mismos, que desperdiciamos nuestro tiempo y energías en una actividad que sólo nos servirá para "pasar el tiempo" (de ahí mi profundo odio hacia la palabra pasatiempo, sinónimo de trivial).
El felino, con alevosía, insiste en que todo debe tener un propósito. Pues, ¿qué sentido tiene hablar y hablar de impresionantes muestras de heroísmo, de compañerismo y lealtad inquebrantables, de resignación ante la muerte, de la belleza del universo, del infinito poder de las formas o incluso de intensos ayeres si no hallamos en ellos el valor para cambiar lo que nos rodea, la templanza para mejorar nuestras notas escolares, la confianza para hacernos del empleo que soñamos, la humildad para aceptar nuestros errores y corregirlos, la sinceridad para confesar nuestros sentimientos a las personas que amamos, la empatía para entender los actos ajenos y no prejuiciarlos, la curiosidad para indagar sobre otros tiempos, culturas y lenguajes con una mente abierta o, simple y sencillamente, la voluntad para -por unos segundos al día- inhalar de manera tan profunda que no sólo despeje los pulmones, sino también la mente y el corazón?
¿De qué sirve?
No estoy diciendo (y hacerlo sería una estupidez) que en esto es posible hallar todas las respuestas, pero sí creo firmemente que estas historias, que la ilusión cinética y multicolor que nos ofrecen la animación y los relatos gráficos son capaces de hacernos despertar, hacer que nos percatemos de algo que siempre había estado ahí pero que nunca -inmersos en la cotidianeidad, la razón y la lógica- habíamos notado. Pueden hacernos reaccionar… aunque el cambio, por supuesto, siempre estará en nuestras manos.
Uno de los comentarios más frecuentes que un servidor escucha y lee respecto a este espacio es el "por qué" se suele tomar tan en serio algo que no debería ser sino una diversión y a lo que respondo, implacable, con una máxima personal: si no tomo en serio todo lo que hago, desde el trabajo hasta una carcajada, no lo disfruto. Esa es la forma más satisfactoria en que he aprendido a conducir mi vida desde hace casi un cuarto de siglo y no, no pretendo convencer a otros de lo mismo… por el contrario, duden, duden de todos los desvaríos que lean aquí y atrévanse a buscar la verdad, que será la suya.
Y si esta apestosa bitácora logra, por lo menos, sembrar la duda en algo en que ustedes solían creer ciegamente, entonces puedo decir -sin más- "misión cumplida". Que al final del camino refrenden esa creencia o la transformen por completo es algo que compete únicamente a ustedes.
Así, 200 mil visitas podrían significar absolutamente nada pero, como la temporada se presta para reflexiones más comunes que una galleta de animalitos, era necesario buscar una excusa para agradecer a los pocos (o muchos) individuos, hombres y mujeres, que se dan el tiempo para entrar en el pantano de pensamientos de un felino anónimo y, con ello (acuerdos y desacuerdos), enriquecerlo.
Por todo esto (y por muchas otras cosas, que el sueño ya me impide referir)…
GRACIAS.






