Moé~rry X-Mas III :: Principio & Final, Final & Principio
Algún día recordaremos. Recordaremos juntos,
Los días en que reímos por las metas no alcanzadas,
Y las cosas que perdimos por seguirlas sin cesar,
Y la fragilidad que conocimos al saber más de nosotros mismos.Algún día…
- Kurumi Enomoto, Bouken Suisei (Cometa de Aventuras)
Celosa como fue de su trabajo (y con justa razón, dado todo a lo que tuvo que hacer frente), no estoy seguro si Lucy Maud Montgomery (no la joven, sino la autora consumada) habría visto con buenos ojos que otra persona atara los "cabos suelos" que ella -deliberadamente- plasmó en su primera novela.
Poniéndonos en los zapatos de Ms. Montgomery-MacDonald, la pregunta a responder (con un dejo de disgusto) sería "¿por qué hablar a detalle del pasado de Anne?, ¿para qué narrar los hechos concretos, cuando lo único que importa es la forma en que los asimiló; la versión que la misma Anne tiene de su pasado y que ella misma se encarga de exponerle a Matthew y Marilla en las primeras páginas del libro?"
Escritor frustrado como pocos, el que escribe no puede evitar sentir un sacro respeto por quienes logran crear universos en una hoja en blanco, de ahí que no esté en posición de juzgar ni un ápice de la forma en que un autor quiere que su obra sea tratada y respetada.
Pero es en este punto en que surge la intriga, y es que ¿cuál hubiera sido la opinión, no de Ms. Montgomery-MacDonald (la mujer que se debatió violentamente entre la realidad circundante y su imbatible oficio/vocación), sino de Miss Montgomery (la joven periodista, la profesora idealista, la chica eternamente enamorada, maravillada con el poder de las letras)?
Si bien Ms. Montgomery-MacDonald hubiera luchado a capa y espada para que su visión fuera la única presente (repito, y con justa razón), siento (y no supongo, porque eso sí sería arriesgado) que Miss Montgomery se habría sentido halagada al observar que una colega de una generación posterior, también canadiense, y en cuya vocación también ha buscado mostrar a otros el poder para re-crear (que no es lo mismo que recrear) el mundo a través de las letras, le rinde un sincero homenaje al extender la obra que la definiera como una maestra que ha marcado la filosofía de vida de miles de personas alrededor del mundo y que ha inspirado a centenares de autores a lo largo de cien años.
Observando a detalle la vida de L.M. Montgomery, no puedo evitar dividirla en dos. Dos personas tal vez idénticas en apariencia, pero con un espíritu y visión diametralmente distintos. Un ser humano -y una artista- con dos facetas irreconciliables, pero igualmente valiosas.
Una antes, y otra después, de la Primera Guerra Mundial.
Integrante de la llamada "Generación Perdida", Lucy Maud se sintió traicionada y profundamente decepcionada tras la barbarie de 1914 a 1918. Para ella, al igual que para muchos, esos años marcaron el fin del mundo, el mundo en que ella, sus amigos, su familia y otras tantas generaciones pasadas habían forjado sus ideales y planes para el futuro. De ahí que todas las novelas de Montgomery posteriores a 1914 (que son la mayoría) estén dominadas por una profunda (casi dolorosa) nostalgia.
Nostalgia del mundo, que se volvió personal (Rilla of Ingleside).
Nostalgia personal, que se volvió de la artista (Emily of New Moon).
Nostalgia de la artista, que se volvió de la mujer (The Blue Castle).
Nostalgia de la mujer, que se volvió de la niña (Magic for Marigold).
Nostalgia de la niña, que se volvió del hogar (Pat of Silver Bush).
Nostalgia del hogar, que se volvió de la familia (Jane of Lantern Hill).
Escribe Lucy Maud, en las líneas inaugurales de Emily Climbs:
"Emily Byrd Starr was alone in her room, in the old New Moon farmhouse at Blair Water, one stormy night in a February of the olden years before the world turned upside down."
Volver.
Volver -precisamente- a aquellos años en que todo parecía una hoja en blanco.
Volver, y llorar, por no poder dar marcha atrás.
Así se antoja, para el de la voz, toda la obra de L.M. Montgomery posterior a 1914.
Por eso Anne of Green Gables es diferente. La voz de Anne Shirley, su primera voz, nos habla del mundo con una fuerza y un latir verbal que no encontraba demasiados obstáculos para pasar de la mente a los labios.
La voz de Anne Shiley, su primera voz, es la voz de otro mundo. Uno que fue. Que en verdad existió.
Por eso la tarea de Budge Wilson, de Before Green Gables, fue titánica. Porque fue hablar no sólo de un mundo que pereció hace casi un siglo, no sólo de los años perdidos entre la llegada al mundo de una pequeña más a la jovencita que esperaba (con pasiva impaciencia) a su nueva familia en esa estación de tren, sino también de las experiencias, las palabras, los maestros, los fugaces compañeros, las sonrisas y -sobretodo- las lágrimas que formaron la extraordinaria visión de Anne Shirley.
Una visión que no sólo le permitió sobrevivir: le permitió transformar vidas.
Es obvio que a Ms. Montgomery-MacDonald le habría parecido infame que otra persona se dedicara a expandir el perfil del personaje que, habiendo sido creado por ella, re-creó su propia vida (para bien y para mal), como también le habría parecido infame que un grupo de extranjeros hicieran suya la tarea de adaptar su relato a un medio en que la imagen sustituye a las palabras, y como también le habría parecido infame que, so pretexto de conmemorar el centésimo aniversario de dicho personaje, otro grupo de extranjeros hiciera lo propio con la ya infame precuela.
Pero hay algo -siento- que, en medio de todas las tribulaciones que le rodearon hasta el día de su muerte, Ms. Montgomery-MacDonald pasó por alto: el autor escribe, pero es el público quien hace grande la obra escrita; una vez que la historia, que los personajes, han echado gruesas raíces en el corazón de generaciones la obra, en espíritu, ya no le pertenece del todo al autor, siendo ahora una paternidad compartida entre el que escribe y el que lee, entre el autor y el mundo.
Y por eso, por la jovialidad que refleja en sus primeros diarios, por la intensidad con que rescata "lo extraordinario de lo común", por la libertad con que convive con las palabras (no las domina, las respeta, se gana su aprecio y fidelidad), siento que a Miss Montgomery le habría arrancado una sonrisa el ver cuánto ha crecido su pequeña Anne, aquella que Lucy Maud conoció como una jovencita y de la que se despidió siendo una mujer y que hoy, por paradojas que sólo la fuerza de las letras y la imagen animada son capaces de lograr, se muestra -al mismo tiempo- más longeva, grandiosa y joven que nunca.
Y es por eso que, con ojos de Anne, recibo Before Green Gables y -sobretodo- Konnichi wa Anne con una enorme fe y un respeto aún mayor.
Con ojos de Anne. Porque no hay otra forma de decirlo.
Dirección:
Katsuyoshi Yatabe [Hikaru no Go]Guión / Composición:
Michiru Shimada [Kaze no Shoujo Emily]Diseño de Personajes:
Yoshiharu Sato [Tonari no Totoro]
Takayo Nishimura [Byousoku 5 Centimeter]Dirección de Animación:
Takayo NishimuraMúsica:
Hiromi Mizutani [Nagasarete Airantou]
Kenji Fujisawa [Jigoku Shoujo]
Yasuharu Takanashi [Itazura na Kiss]Producción:
Nippon Animation
Abril 05, 2009






Palabra por palabra, el expresar, exponer el respeto y gusto que le puede tener a un autor.
Es aquel reconocimiento, aquel entender de saber las diferencias que puede tener el mismo artista, sobre sí mismo.
Montgomery, aquella que fue dividida por sus propias ideas, aquella que la experiencia la lleva a sus propios cambios, pero aquella, que aún con sus cambios, provocadas por ambas personas existentes dentro de sí, es querida por el público.
Yo he de adminitir una cosa, no he leído la historia de Anne, pero, usted Señor Gato, sus palabras despiertan inspiración, y provocan que los ojos de este zorro se fijen, no sólo en la cercana nueva producción, sino en aquel papel, en donde sus letras hace que toda persona exprese tantos sentimientos, que por tanto se insista, son vistos por las experiencias que uno vive, vivió y vivirá.
Me ha gustado mucho como has analizado el tema
Pero yo soy de las que creo que LMM volvería a morirse si viera el destrozo que se ha hecho con su obra al adaptarla a determinados formatos, que han hecho que no se parezca en nada a lo que ella escribió.
Por lo que he podido leer, LMM era muy celosa de lo que había escrito, e incluso sus diarios los repasó y retocó varias veces para dejarlos “exactamente” como ella quería que fuesen publicados. Por eso creo que estas nuevas precuelas y secuelas que han salido y seguiran saliendo, no le gustarían nada de nada…
Me gustaría leer Before green Gables, pero como mera curiosidad, porque no espero demasiado de ese libro, la verdad. Al no ser LMM ya lo tengo prejuzgado, lo reconozco