Take off! II :: Fragmentos de Diamante

Noviembre 26, 2008 | Blog, Notas del Día |

Si tan sólo un rock ‘n’ roll
Hiciera eco en el futuro
No habría nada que nos separara
Del esplendor del mañana

- Fire Bomber, Try Again


 

Nada tan poderoso y tan sencillo de degradar como el significado de las palabras.

Una palabra, lo sabemos, no es sólo herramienta para transmitir información. Una palabra, bien empleada, sincera, de acuerdo al momento en que se dice o el sitio en que es escrita, puede generar un cúmulo de sensaciones más poderoso, más devastador, que si se viera acompañada de miles de vocablos superfluos. Sin embargo, el uso generalizado, excesivo y erróneo de ciertas palabras puede despojarlas de su fuerza, transformándolas en moneda corriente, sin mayor impacto que el de un recuerdo desfasado.

He ahí lo que padece "musa", término que -en sus orígenes- nos remitía a las tres hijas de Urano y Gaia, destinadas a fortalecer el espíritu humano a través del culto al arte poético (de poiesis, creación), y aunque al paso de los siglos se verían sustituídas por símbolos más concretos (p.e., las nueve musas de la tradición renacentista), lo cierto es que Meletea, Mnemea y Aedea ya concentraban la esencia de la inspiración, del alimento espiritual que atañe al arte.

Meditación. Recuerdo. Canto

Meditar. Concebir. Evocar.

Así, todo daba inicio con la actitud contemplativa de Meletea, quien transformaba los estímulos y elementos en ideas, abstracciones, intenciones que Mnemea daba forma en un texto concreto que, finalmente, Aedea se encargaba de ejecutar, de expresar y difundir con la misma intensidad con que fue escrita.

Todas con una función de igual valor y que refleja las etapas del proceso artístico, la obra de las tres hermanas originales nos remite a la mousa (poesía lírica, melódica, íntima) como la forma artística por excelencia, aquella que permite que las virtudes del género humano se sobrepongan a sus defectos y los conduzcan a una era de unión y prosperidad. Es así como mousa, el poema, nos conduce a mousike, "el Arte de las Musas", antecedente de música y estrechamente vinculado a aedo, cantar.

A diferencia de otras formar artísticas, la música posee una ventaja insuperable al poder llegar y cautivar el espíritu humano sin necesidad de mayor formación o atributo que el de "ser". Las reacciones que genera la música (y sobretodo el canto, variante en que la voz humana se convierte en instrumento de vanguardia) son inmediatas, pasan directamente del oído al corazón y nos dominan en tal manera que pueden paralizarnos, pueden hacernos viajar por el tiempo, vislumbrar mundos nuevos, volvernos invencibles; y es a través de la música popular (la música de nuestros tiempos, la música hermanada con la imagen) que realmente podemos generar una cultura global, y no "cultura" como un concepto esnobista o que sólo sirva para elevar el ego de los intelectuales, sino una cultura global práctica, una cultura que acabe (deculture) con el sentido alienador que suele darse a las tradiciones y que construya -en cambio- (culture) una cultura integral, en que todas las voces sean -al mismo tiempo- todas y una sola .

Más allá de toda política. La música es para todos.

Más allá de toda de justicia. La música es para todos.

Bajo esta filosofía, considero, es que toda la Saga Macross se desarrolla en torno a la fusión entre música e imagen. Desde música primitiva, tribal (llegada a la Tierra de una civilización en decadencia y ocaso de sus últimos mensajeros), pasando por baladas plenas de vitalidad adolescente (amor, nostalgia y juventud eterna para detener una guerra), pulsos sintetizados de origen incierto e hipnotizante (fruto de un conflicto personal que estuvo a punto de acabar con la raza humana), hasta la fuerza de un rock que apela a los impulsos y expresión inmediata de sentimientos (factor de revolución ante una sociedad amenazada por el estricto apego a las normas), Macross ha hecho de la combinación entre música e imagen una herramienta única, capaz de generar la paz y conciliación que la humanidad (por siempre enfrascada en conflictos) anhela constantemente.

Pero Macross no sólo aborda el impacto de la música y la imagen en la sociedad, sino que vincula su desarrollo, ejecución y legado a quienes están a cargo de expresarla, de transmitir el mensaje.

"El medio es el mensaje" nos dice aquel longevo maestro y el culto a los íconos, reflejado en la fascinación por las celebridades, es también un pilar del mundo creado por Shouji Kawamori que, aunque a primera vista parecería un detalle frívolo es, en opinión del que escribe, no sólo la semilla de la mitología de nuestros tiempos, sino también el factor definitivo para la unión entre razas y culturas. Sin embargo, a pesar de la noble finalidad que pueden alcanzar, los ídolos son emblemas fácilmente corruptibles y trivializables (en forma y fondo), de ahí que Macross aborde no sólo el origen, desarrollo e impacto del "ícono ideal", sino también la necesidad que la sociedad contemporánea tiene de ellos y de su obra.

Conmemorando el 25to. aniversario de la franquicia, Macross Frontier podría interpretarse como una velada repetición de los elementos que han hecho de Macross un título indeleble en la historia del medio que nos ocupa, una fusión de personalidades, detalles y estereotipos que hemos observado a lo largo de más de dos décadas.

Pero hay más -mucho más- detrás de la fachada.

Título insignia de la "edad de oro", Chou Jikuu Yousai Macross -junto al largometraje Ai, Oboeteimasuka?- fueron precursores del primer boom de la rama musical del medio al generar canciones muy sencillas, básicas, sin arreglos complejos ni letras herméticas, inspiradas en sensaciones y experiencias propias de la juventud de todas las épocas; temas, en sí, sin mayores pretenciones, pero cuyo valor y significado se vieron redefinidos al estar en voz de Mari Iijima, una figura plena de sinceridad y naturalidad de tal magnitud en que, a diferencia de otras inérpretes, la música no era una herramienta para impulsar su imagen, sino que su apariencia reforzaba la atmósfera y filosofía de las melodías que interpretaba

Dando firma a la personalidad y obra de Lynn Minmay, su alter-ego animado, Mari Iijima forjó un símbolo para la posteridad no sólo en cuanto al auténtico propósito que a la música e imagen competen, sino a la responsabilidad y retos a enfrentar por quienes están dispuest@s a fungir como sus mensajer@s. Por supuesto, este dilema no atañe al "cantante" per se, sino a l@s idols, aquell@s que complementan el arte músico-vocal con una apariencia y personalidad definidas.

A pesar de ser reconocida como artífice de la conclusión de la Primera Guerra Espacial y embajadora de la paz, nadie se percató del gran sacrificio realizado por la joven, sacrificio que implicó ubicar su dedicación a la música y a la humanidad por encima de su vida personal. Lynn Minmay sabía que, con el reconocimiento masivo (de humanos y zentradi), ella se había convertido en el pilar sobre el que descansaba la frágil paz en la Vía Láctea; Lynn Minmay -la mesera tímida, la adolescente enamorada- había muerto para que Lynn Minmay -el símbolo de conciliación, la novia intergaláctica- y su legado pudieran vivir por siempre en la memoria de toda vida inteligente del universo.

Toda meta por alcanzar implica un sacrificio y una responsabilidad, y ello debe verse reflejado en la misión y visión de una idol: heredera del legado de las musas (el talento de inspirar, motivar, transformar) y del trágico camino del héroe (subordinar su propia vida a la realización del sueño); un ideal que, aunque comparte muchos elementos con el arquetipo que delinea Joseph Campbell, al ser alimentado por una maquinaria mercadológica, es muy propenso a ser tergiversado o manipulado… y Macross no pasa por alto esa debilidad, de ahí la crisis generada por la extrema confianza hacia una idol artificial (Sharon Apple, producto de los sentimientos generados por un trauma del pasado), o bien la negativa de Basara Nekki a que nadie se interpusiera entre su música y el corazón del público.

Así llegamos a Frontier. Un relato que, retomando la tradición de Macross, se dispone a cuestionarla, reafirmarla y renovarla, teniendo por núcleo un triángulo amoroso y dos vértices melódicos diametralmente distintos, dos formas de representar el papel de las tres musas originales y -sobretodo- la transición entre l@s idols y la sociedad de un período de paz a uno de conflicto.

Por un lado tenemos a Sheryl Nome, representante indiscutible de la diosa: arrogante y caprichosa, pero 100% comprometida con la música e imagen que despliega sobre el escenario. Símbolo de seguridad, audacia y fortaleza, Sheryl asume el rol de un hada: una imagen sobrenatural dispuesta a compartir su magia; tan hermosa como ilusoria, pero capaz de motivarnos a la acción, a la pasión inmediata. La música de Sheryl no presta tanta atención a la semántica, a la expresión concreta de ideas, sino a la armonía melódica entre la música y la voz; en sus temas, la letra puede mostrarse incoherente y vacía en lo general, pero llena de intensidad al observar sus frases y palabras de forma aislada. La música de Sheryl se basa en un impacto constante, en generar emociones extremas de principio a fin, desde caprichoso latido de What ’bout my star? y la fúrica sensualidad de Iteza Gogo Kuji ~Don’t be late!~, a la fatídica resignación de Infinity y la paralizante melancolía de Diamond Crevasse.

Celebrity por excelencia, Sheryl basa todos los aspectos de su vida en la obra que despliega en su música y sobre el escenario; consagrada a su figura, no posee mayor referente que ella misma ("Lo haré, porque soy Sheryl", expresa constantemente), aunque ello no la convierte en un tributo al ego, por el contrario, demuestra su extrema conciencia del símbolo de fe, esperanza y fortaleza que representa para millones de personas; su música e imagen, aunque notablemente respaldadas por la tecnología y la mercadotecnia, no opacan la sinceridad de sus interpretaciones (y de su personaje, que es ella misma) ni su compromiso con la responsabilidad que compete al sueño que decidió perseguir tiempo atrás.

Por otro lado tenemos a Ranka Lee, una mesera tímida e insegura que, no obstante su amor por el canto, vive sus años de juventud contemplando el creciente legado de Sheryl, siguiendo un sendero sencillo, impuesto por el afán protector de su hermano, por considerar que alguien como ella jamás tendría oportunidad de entrar a ese mundo que no entiende del todo, pero hacia el que se siente atraída; a diferencia de otras chicas, Ranka no está fascinada por la "fama y fortuna" de una idol como Sheryl, sino por la capacidad de conmover corazones y crear posibilidades a través del canto y la imagen; a diferencia de otras chicas, Ranka comparte con Sheryl dos virtudes escenciales de una idol: la sincera expresión de sentimientos y el poder de transformar cualquier estímulo o experiencia en un mensaje pleno de significado pero, aunque ambas existían en la joven desde el inicio, se vieron reforzadas como nunca antes tras su encuentro con Alto Saotome.

Es a través de su relación con Alto que Ranka descubre una nueva gama de sentimientos, brindándole la fortaleza necesaria para forjar su propio camino y, en complemento, es la afinidad con Sheryl lo que le abre las puertas a un primer contacto con el mundo que tanto añoró: reconociendo en ella el mismo potencial, el mismo afán de compromiso con el poder que puede transformar vidas, la misma sinceridad, Sheryl expresa a Ranka su confianza en que -muy pronto- compatirán el mismo camino. Esos sencillos votos de confianza generaron la chispa necesaria para que la tímida mesera decidiera dar el primer paso aunque -de primera mano- el "sueño" mostró no ser tal, sino un proceso que implica esfuerzo, constancia, compromiso, suerte y sacrificios por igual.

Si Sheryl refleja la culminación de un proceso, la imagen de una magna pop-diva, Ranka nos remite a sensaciones más sencillas, más íntimas, "frescas" no precisamente por ser novedosas sino por apelar a experiencias olvidadas hace mucho tiempo, propias de una juventud en mayor libertad y pureza. Símbolo de dinamismo, espontaneidad y templanza a toda prueba, Ranka asume el rol de una princesa, la Cenicienta: una imagen cercana a la sociedad, con la que todos pueden sentirse identificados porque fue -y es- "como tú y como yo", que nos demuestra que todos podemos alcanzar nuestras metas; tan inocente como frágil, pero capaz de generar en todos una necesidad de protección, de cuidar de nuestros seres queridos.

La música de Ranka -en contraste con el estilo de su mentora y rival- es lineal, definida, simétrica, rítmica, estable, armonía a pequeña escala en que su dulce voz siempre marca el camino a seguir; en sus temas, la letra destaca por su sencillez y "lugares comunes", pero llena de sentido al observar el vínculo entre estrofas y coro. La música de Ranka se basa en una conquista gradual de las emociones, poco a poco, como un corazón cuyo pulso empieza a acelerarse lentamente, desde la colorida vitalidad en el cover de Watashi no Kare wa Pilot y la tímida picardía de Seikan Hikou, al misticismo de Aimo y la delicada fortaleza de su confesión en Neko Nikki.

Girl next door por excelencia, con una memoria convertida en tabula rasa debido a un trágico incidente, Ranka suele necesitar del apoyo de otros para salir adelante, encontrando en sus amigos, su vida de academia y en su estrecho vínculo con Ozma y Alto el pilar que sostiene sostiene su vida; dedicada a otros, su mayor referente y fuente de inspiración son todos los que le rodean, aquello no la convierte en una dependiente incapaz, por el contrario, demuestra el gran aprecio que siente por sus seres queridos y por su ciudad, sabe que ella se debe a ellos y -una vez que adquiere la confianza para caminar por cuenta propia- buscará compensar su apoyo constante; su música e imagen, aunque enfocadas notablemente en la naturalidad de Ranka (un arma de doble filo), no opacan la sinceridad de sus interpretaciones (y de su personaje, que es ella misma) ni su compromiso con la responsabilidad que compete al sueño que decide perseguir hoy.

Pasado y presente. Fuerza y sensibilidad. Ataque y defensa. A primer vistazo, Sheryl Nome y Ranka Lee parecen ubicarse en extremos opuestos de un amplio espectro de emociones, sentimientos que no sólo devienen en catarsis a través de la música y la imagen, sino que pueden determinar nuestra visión del mundo, nuestra actitud en tiempos de conflicto, nuestra misma identidad (tanto en lo individual como del planeta entero).

La música, el "Arte de las Musas", posee infinidad de variantes, todas capaces de resonar -de forma favorable o desfavorable- en nuestro corazón; la música es -por sí misma- libre, máxima representación de la igualdad (recordemos: todos, hoy por hoy, por el simple hecho de ser humanos, podemos ser capaces de apreciar la música) pero, una vez que se "alía" con la imagen, ésta se transforma casi por completo, deja de ser un medio de expresión en estado puro para convertirse en "algo" más grande que nosotros, "algo" capaz de trasciender el tiempo y el espacio.

"Algo" que puede determinar nuestra supervivencia.

"Algo" que puede borrarnos de la faz del universo.

La esencia de la extrema contraposición entre Sheryl y Ranka. La esencia de Macross Frontier, de toda la Saga Macross. La esencia de la música del siglo XXI -y los siglos por venir- es, precisamente, determinar qué es ese "algo"… y emplearlo a nuestro favor.

Continuará…

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  1. Escrito por Syaoran Li, 12/6/08 @ 4:00 am

    Debemos creer, extender nuestros brazos y aprovechar la oportunidad, porque creer es poder.

    Sin duda lo anteriormente dicho es motivo suficiente para que la música sea mi 2da pasión después de la lectura. Puedes perderte tanto en la melodía como en las letras; no sólo eso, si tienes la suerte de encontrar una canción que convine a la perfección ambos elementos, entonces habrás encontrado ese “algo” que hace tan especial a este arte.

    Veamos si puedo encontrar la respuesta.

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