Das Laufwerk :: V :: Μέγας

La historia, ya lo sabemos, se escribe todos los días. La escriben quienes ostentan el poder. La escriben a semejanza de un ágil gigante, cuando lo cierto es que se trata de la suma de miles de millones de pequeñas acciones, de incontables torpezas y aciertos que todos, personas como tú y como yo, cometemos día tras día.
La historia, ya lo sabemos, se escribe así. Imperfecta. Y lo es porque la especie que la concibe y registra es imperfecta, limitada. No podría ser de otra manera. No para nosotros.
Pero la Historia (con mayúscula, la grande) existe, y es aterradora.
En lo poco que se nos ha permitido (y nos hemos permitido) aprender de ella, se ha observado que la Historia opera más allá de nuestra realidad. La Historia es mucho más que el recuento de los daños. La Historia es presente, pasado, futuro, recuerdo y posibilidad. La Historia opera más allá del mundo físico: la Historia opera en nosotros, abriéndonos las puertas del olvido y la inmortalidad, del odio y la veneración y ahí, en medio de todo eso… existe el Mito.
Estado perfecto de la Historia, el Mito trasciende el tiempo y el espacio, supera las imperfecciones de la razón humana y se vuelve eterno, indispensable para entender quiénes somos, cuándo somos y por qué.
El Mito puede volverse inalcanzable, pero lo cierto es que su semilla se encuentra entre nosotros, en cada acto y palabra. El Mito logra caminar hombro a hombro con Dios a pesar de ser, en primitivo e involuntario origen, una creación humana.
La creación del Mito no es obra de la casualidad, tiene que ver con tiempo, lugar y circunstancias precisas. Lelouch Lamperouge se nos presenta como un astuto estudiante que mantiene un oscuro linaje en secreto para proteger a su hermana y, obviamente, por no contar con los medios suficientes para convertir el profundo resentimiento hacia su padre en venganza.
No cuenta con ellos, hasta la revelación de Geass.
I :: Geass
Aunque representado por la habilidad de dominar la voluntad de cualquier persona, el Geass de Lelouch tiene un antecedente histórico real: Hvareno, poder supremo que –de acuerdo a las enseñanzas del zoroastrismo, una de las primeras religiones del medio oriente- era signo de divinidad; todo portador de Hvareno, que se cree cualidad innata, es capaz ejercer atracción y fascinación sobre cualquier individuo común, quien estaría dispuesto a satisfacer cualquier deseo con tal de ganar la aprobación de tan atractiva personalidad.
Destinados a gobernar sobre los hombres, los portadores de Hvareno también podían ser reconocidos por sus elevadas cualidades espirituales e incluso por ciertas marcas o señales físicas; muchos portadores pertenecieron a la familia imperial persa, sin embargo, su inmenso poder sobre otros los dejó llevarse por el mesianismo y la locura de ahí que, para alejar de ellos toda admiración y ciega exaltación, se refugiaran en una práctica que el Islam de nuestros días denomina Malamatiyya o “Sendero de la Culpa”, que consiste en actuar en sentido opuesto a las buenas costumbres de forma que –al experimentar el rechazo total de la sociedad, que es banal- se pueda alcanzar el camino a la santidad.
De la mano de un “poder de reyes” (como la misma C.C. se refiere al Geass), Lelouch tiene el poder, la voluntad y la inteligencia para enfrentarse al pasado, que son sus cadenas; pero de nada sirven la fuerza, la templanza y la astucia si no van acompañadas de una estrategia precisa, una que viera más allá del deseo inmediato (venganza) y lo proyectara en un plan de vida (rediseño del mundo).
Lelouch sabe que el Imperio Britannia o, mejor dicho, que Charles di Britannia es más que un ser humano, mucho más que un hombre corpulento de (aparente) gran fuerza física. Charles di Britannia, podría reflexionar Lelouch, está por encima de cualquier ser humano: es una monstruosa idea de fortaleza, liderazgo y decisión, una idea que ningún ser humano sería capaz de enfrentar por sí mismo.
Las ideas, como los diamantes, sólo pueden ser destruidas con ideas más fuertes.
Y así nace Zero.
II :: Zero
Destrucción y renacimiento. Volver al origen. Zero.
Aunque desconocido, violento y arbitrario a la luz pública, los japoneses no dudaron en hacer suya la causa del enmascarado. El plan de Lelouch era infalible: cada ataque al andamiaje de Britannia en Area 11 no representaba sólo un factor táctico-militar, sino también la destrucción de los símbolos que hacían grande al Imperio, alimentando la moral de su creciente ejército de elevens.
La anonimidad de Zero y la distancia que ejercía ante sus subordinados (haciéndose presente sólo a sus más importantes aliados y sólo en momentos necesario) fueron factores clave para conservar el control y la disciplina, sin embargo, conforme la serie de victorias iba en aumento, los nuevos enfrentamientos también eran más complicados y –siendo ya los Caballeros Negros muy dependientes de un líder al que veían en pocas ocasiones- la primera derrota sólo era cuestión de tiempo.
Con cada paso hacia adelante, nuestro protagonista entra en un dilema y es que Lelouch el adolescente hambriento de venganza y victoria, empieza a dejarse ver a través de las acciones de Zero. La idea del misterioso líder empieza a contaminarse con decisiones pasionales, inestabilidad emocional que derivaría en esa catástrofe que fue la 1ra. Gran Batalla de Tokio.
Es tras su primera gran derrota que el joven reconoce que Zero es una ilusión que se irá desmoronando conforme se acerque a su objetivo final, no por inutilidad, sino porque será cada vez más difícil mantener al margen los impulsos de Lelouch quien, no importando la máscara, aún tiene a alguien por quien vivir una vida normal y no está dispuesto a dejarse llevar por el sacrificio que conlleva el heroísmo puro.
Aún.
III :: Muerte
Una idea bien cimentada y ejecutada puede vivir por siempre, pero sólo es necesario un error para que la torre se venga abajo. Una vez que su identidad es descubierta y es sometido a una simulación, Lelouch reconoce que Zero no podrá seguir siendo su herramienta por mucho tiempo, no sólo porque su identidad ya no es una incógnita para Britannia y es ya un factor de ruptura al interior de los Caballeros Negros, sino también porque el enmascarado se ha convertido en un virus para su portador.
La muerte de Shirley mostró que entre más se aferrara a Zero, la vida de Lelouch Lamperouge (y de quienes le rodean) sería destruida poco a poco. Tal es la tragedia del héroe: ser consumido por la causa que representa, pues no hay esfuerzo que no venga acompañado de un sacrificio equiparable.
Irónicamente, el empeño de Lelouch en crear un mundo ideal para Nunnally terminan por alejarlo más y más de ella. Sus triunfos políticos y belícos han reclamado la vida o felicidad de quienes formaran parte de su corazón.
Queda claro que Lelouch Lamperouge y Zero jamás podrán coexistir, pues uno se alimenta del otro. Sin embargo, ¿podría Lelouch estar satisfecho con un mundo cayéndose a pedazos ?, ¿qué sentido tendría la victoria de Zero si no pudiera disfrutarla?
Pero ya es tarde.
En un instante, todos los pecados de Lelouch se vuelven contra él. Todas las acciones, todas las palabras, los silencios… y Nunnally muere. En un instante, Lelouch muere (por primera vez) a manos de Zero, le despoja de todo vínculo con el mundo. En un instante, Zero muere a mano de los errores de Lelouch, echando por tierra todas las victorias y sacrificios.
Todo se ha perdido. Todo ha vuelto al origen.
Es así, frente a la tumba de Rolo (Solo. Destruido. Aborrecido), que el joven es capaz de observar el mundo –y a sí mismo- desde otra perspectiva. Libre. Libre de la mirada de la sociedad. Libre de la presión de proteger a un ser querido. Libre de toda responsabilidad.
Muchos se han hallado en una situación similar y muchos –por ello- han perdido la razón pero, por primera vez, sin cadenas, el joven es capaz de superar su condición humana y enfocarla en un claro objetivo. Lelouch ha muerto y en su lugar queda Él, la más fina concepción del Übermensch.
Pero no es suficiente.
Antes de transformar el mundo para siempre, Él debe ser puesto a prueba.
A prueba en tres tiempos. A prueba contra sí mismo.
Y así el primer fantasma, el pasado, se hace presente.
IV :: Lasciate ogne speranze, voi ch’intrate
El canto de las sirenas de la edad de oro es difícil de superar. Volver a lo que fue. Que esos instantes de felicidad, que esos días de juventud regresen es un deseo que se haya implícito en la vida de muchos seres humanos. Entre más cruel se observa el presente, más intensa es la nostalgia.
Charles di Britannia (El Padre. El Pasado) es la encarnación del primer espectro. Traicionado por un mundo que no dejó de rodearlo de muerte y tragedia, Charles aboga por un mundo en estado puro, libre de mentiras, libre de forma y apariencias, libre del tiempo y de la muerte.
Volver al origen. Permanecer en el origen. Que lo perdido vuelva. Que los errores se enmienden sin consecuencias. Toda la vida de Charles ha sido en pos de tal objetivo. Todos en torno a Charles han sido en pos tal objetivo. Sus súbditos. Su gran amor. Sus hijos. Todo ha sido sacrificado sin arrepentimiento, con la presunta promesa de “volver a la vida” una vez que Ragnarok sea puesto en práctica.
La herramienta de Charles es la Espada de Akasha. Del sánscrito akash, Akasha forma parte del Panchamahabhuta (“los cinco grandes elementos”), siendo la sustancia que da origen a la vida humana, al conocimiento, la razón y al espíritu. De acuerdo a la tradición hindú, el Registro Akásico contiene la esencia de la raza humana, la suma de todas sus experiencias y pensamientos, de ahí que el objetivo del Emperador sea liberar al ser humano de su prisión de carne y hueso y que un solo ente (Akasha), libre de las cadenas de la forma, registro vivo del pasado, tome nuestro lugar por toda la eternidad.
Charles di Britannia tienta a Lelouch con la imagen de una vida eterna y homogénea. Una vida sin pesar y sin dolor y –por ello- carente de significado, pues la vida existe al contraponerse a la muerte, pues la juventud se añora por breve, pues la felicidad sólo tiene sentido a contraluz.
Una vida sin fin equivale a una muerte sin fin (Infierno) y Lelouch, superando la gran tentación que representa reencontrarnos con los seres amados que se han ido y ver corregidos nuestros más grandes errores, rechaza el canto de las sirenas y evita que Ragnarok se apodere del mundo.
El padre muere a manos del hijo, no sin antes emitir una última advertencia, la que alerta de un presente falso y doloroso.
El segundo fantasma ha llegado.
V :: Caccianli i ciel per non esser men belli
¡Qué muera el pasado!, pues es la cadena que nos atormenta.
¡Qué muera el futuro!, pues es la preocupación que nos acosa.
¡Qué viva el presente, el momento, lo que es aquí y ahora! Sin legado que nos encamine ni deberes que nos obliguen. Que el presente sea, como sea, pero que sea para siempre.
Schneizel el Britannia (El Hermano. El Presente) representa al segundo espectro. Decepcionado por un padre que no ha sido capaz de ejercer pleno control sobre su imperio por ser esclavo del pasado y temeroso de un mundo en progresivo estado de putrefacción, el primogénito de la Familia Imperial decide simplemente detener el reloj.
Schneizel , a diferencia de Charles, no desprecia por entero la condición humana, sino únicamente su predisposición al conflicto y a la autodestrucción, rasgo inevitable que sólo puede evitarse ejerciendo control total sobre toda la raza, para lo cual reconoce en nuestra mayor fragilidad (la necesidad de “portar una máscara”, de definirnos de acuerdo a lo que se espera de nosotros) un factor indispensable para llevar a cabo sus planes.
La historia del ser humano, aprecia el heredero (y con justa razón), es una historia de muertes y conflictos; cada vez más crueles, cada vez más devastadores, de ahí que la única manera de evitarlos sea, de tajo, detener el flujo de la historia por medio de una fuerza superior a todas las conocidas, un arma capaz de inutilizar a todas las armas: FREYJA.
La herramienta de Schneizel es otra espada: Damocles, en obvia referencia al relato de Timeo de Tauromenio en que un joven cortesano de Dionisio II de Siracusa le suplica poder degustar los placeres de la realeza, sin embargo, su euforía se transforma en horror al percatarse que sobre él pende una espada que es sostenida únicamente por un delgado cabello, reflejando el perenne terror e inestabilidad a la que se someten aquellos que ostentan el poder.
Y así, como la espada que amenaza al tirano en todo momento, Damocles se erige como el sistema que castigaría al planeta entero al menor indicio de conflicto o revuelta. Afirma Schneizel que el ser humano ha tenido control del mundo durante siglos y jamás ha logrado escapar del ciclo de autodestrucción que le caracteriza, de ahí que esté dispuesto a permanecer sobre nuestras cabezas, infundiendo un miedo eterno.
Ese miedo que impide avanzar o retroceder, ese miedo que sólo nos permite ser. En este momento. Ser.
Schneizel el Britannia tienta a Lelouch con la imagen de una utopía, una vida libre de conflictos que no volverá a dar cabida a la violencia o al desorden. Una vida en que no existirán las diferencias y –por tanto- no habrá puntos contrapuestos de los que puedan surgir acuerdos o avances, una paz armada en que toda la raza humana portará eternamente una máscara de cordialidad, una humanidad sumergida para siempre en la hipocresía y la falsedad.
Una vida que rechaza las cadenas del pasado y vive temerosa del futuro (Purgatorio). Una vida sin amor ni afecto (pues el amor y el afecto también son pilares de la historia) que Lelouch, superando la tentación de vivir en interminable armonía, sin responsabilidades ni ataduras, destruye completo.
El hermano es derrotado por su contemporáneo, no sin antes emitir su última advertencia, la que subraya que está en el ser humano caminar hacia su propia destrucción y que nada, excepto la fuerza, será capaz de alejarlo de la extinción.
“Destino”, grita el último fantasma que se cierne sobre Él.
VI :: L’amor che muove il sole e l’altre stele
Ha rechazado la hipnótica seducción del pasado.
Ha ignorado el aterrador evangelio del presente.
Ambos enemigos con forma definida. Ambos capaces de evocar imágenes de certeza y desconcierto. Pero el último reto al que el Übermensch debe hacer frente no tiene punto de referencia, carece de nombre y de forma. No existe y –sin embargo- es. Nace de la humanidad misma con la única misión de subyugarla.
Destino, como el concepto de “tiempo”, no es más que una ilusión, un fantasma en todo el sentido de la palabra. Destino es un lastre que se transforma de acuerdo a la visión de los poderosos y a los temores de las masas, un lastre que los seres humanos convierten en condena, en un “deber ser”.
Destino suele tomar la forma de un velo que impide ver con claridad, siempre en nuestra contra porque así lo decidimos. Pero Destino, a fin de cuentas, es también una idea y las ideas –ya lo sabemos- si bien son inmortales, pueden ser transformadas por una idea más poderosa.
Sin embargo, ¿qué puede ser más fuerte que la conveniente idea de un sendero preestablecido?, ¿qué hacer para que la raza humana se sobreponga a la quimera que ha alimentado al paso de los siglos?
Por supuesto, si una idea como “Destino” ha sido forjada por cientos de generaciones, pretender anularla con la idea de un solo hombre sería absurdo. No: la idea contrapuesta también debe surgir de la misma humanidad. Lelouch tiene en sus manos Geass, “el poder de reyes”, pero la experiencia y su actual estado de conciencia le brindan la humildad necesaria para reconocer que ese poder también se encuentra en todos los corazones humanos y todos, unidos, son invencibles.
La experiencia le ha mostrado a Lelouch que ningún ser humano, por sí mismo, está en posición de determinar el camino que seguirá toda nuestra raza. Ningún ser humano, él incluido. La decisión debe tomarse en colectivo y por unanimidad. Sin embargo, ¿cómo lograr esa unión?, ¿cómo lograr que la raza humana reclame su derecho a decidir?
Futuro, “el geass de la humanidad”, es el mecanismo (laufwerk) más complejo del universo, una infinita combinación de engranes que sólo puede ser puesto en marcha si todas sus piezas, sin excepción, giran en la misma dirección y al mismo tiempo. Sólo hay un método de cambiar el curso del sistema: que el engrane más poderoso empiece a girar en sentido opuesto; de esta forma, el engrane en cuestión sería destruido por la suma del peso de sus pequeñas contrapartes, pero –a cambio- lograría detener todo el mecanismo, permitiendo que el movimiento quede en manos de los infinitos pequeños engranes.
Tal es la esencia de Zero Requiem, la última (y definitiva) estrategia de Lelouch, no para cambiar al mundo, sino para despertarlo, llevarlo al límite de su resistencia moral y espiritual con el objetivo de que la conciencia colectiva se percate de su fuerza y poder de decisión.
Zero Requiem es un juego maestro de símbolos, una simulación que opera de forma similar a una vacuna. En este caso, el Emperador Lelouch actúa como antígeno al convertirse en la epítome de los rasgos más viles y despreciables del ser humano: vulgaridad, ostentación, corrupción, soberbia, crueldad. Antígeno capaz de generar los anticuerpos necesarios (la voluntad humana) para acabar con la enfermedad.
Todo parte de una máxima: hallar consenso sobre lo que es “bueno” para todos es imposible, pero hallarlo sobre lo que todos desprecian es más sencillo. A pesar de sus diferencias, el pueblo francés rechazó de forma unánime los excesos de la casa real a finales del siglo XVIII. A pesar de sus diferencias, el pueblo ruso se negó a seguir padeciendo el despotismo de los zares a inicios del siglo XX… sistema revolucionario que Lelouch se propone aplicar a nivel global tomando el rol más trágico: el poder a derrocar.
Haberse hecho con el poder absoluto tras la derrota de Schneizel le permitió al joven emperador desarrollar su plan sin complicaciones, sin la amenaza de que surgieran “verdaderos” movimientos revolucionarios. Apelando al principio Kantiano de la bondad natural, Lelouch adopta el papel de tirano a sabiendas de que todos los habitantes del planeta le despreciarían sin pensarlo, todos le odiarían al punto de ser capaces de matarlo si no fuesen presas del miedo infundido por FREYJA y todo el armamento de la Tierra.
Todos inconformes. Todos deseando el futuro. Todos temerosos. Pero, bien lo sabe Lelouch, sólo es necesario que uno, uno sólo esté dispuesto a dar el primer paso para que otros le sigan, y quién mejor para darlo que la idea que el joven empleara como vanguardia en su lucha.
Así, en un último acto en que Lelouch no dudó en mostrarse en su estado más patético y aborrecible (la ejecución pública de sus antiguos aliados, una sangrienta representación de su poder), de la misma forma en que un año atrás se mostrara –por primera vez- para salvar a Japón de la perdición, Zero entra en escena.
Libre de Lelouch. Libre de Suzaku. Zero regresa convertido en ideal puro, símbolo del más noble deseo de la humanidad.
Y así, sin medias tintas, sin titubeos, Zero acaba con la vida del Emperador.
Y así, Zero acaba con la fuente de toda la maldad.
Y así, Zero le muestra a todos, sin trucos, en una escena que se recordará por siglos, que la humanidad tiene el poder.
El Destino tienta a Lelouch con la imagen de una vida labrada, en que ningún esfuerzo vale la pena porque el final ya está definido desde el inicio de los tiempos. Una vida en que el ser humano vivirá presa de designios ilusorios, de mentiras creadas para evitar la responsabilidad que atañe a nuestras decisiones a costa de la posibilidad de forjar nuestro propio camino.
Una vida en que el ser humano se niega a sí mismo (Paraíso), y que Lelouch destruye albergando a Destino en su propio cuerpo (dándole forma, minimizando su poder) para después darle muerte a manos de una idea superior.
Con su muerte (con que, a la vez, también cumple con su deber tras haber tomado incontables vidas), Lelouch escribe su nombre en los anales de la historia y de la Historia; en la primera, como el tirano más vil y despreciable del que la raza humana jamás tendrá memoria (¡El demonio Lelouch ha muerto! exclama Cornelia, una frase que vivirá por siempre); en la segunda, como el übermensh que abrió los ojos de la humanidad pagando el único precio, el más alto.
Tristeza y alegría. Llanto y euforia, La muerte del mal que en marca el nacimiento de la justicia.
La apuesta más arriesgada jamás propuesta. Lelouch Lamperouge, el joven forjado en la tragedia y el sacrificio, el joven que vio –con horror- el verdadero rostro del mundo, el joven que (pudiendo elegir cualquier otro camino, todos mucho más sencillos) eligió abandonar sus propios intereses, fundirse con la Historia y apostar por la humanidad.
Con su muerte, Lelouch acaba con el reinado de Destino. Sin parámetros falsos o fruto del interés de unos cuantos, el sueño dogmático de la humanidad termina y puede, al fin, empezar de cero.
Final y principio. Principio y final. Zero. Requiem.






El legado de Lelouch vi Britannia difícilmente podrá ser igualado, no importa cuántos años y series estén por venir. Desde el momento en que obtuvo el poder del Geass, su “destino” ya estaba dicho; moriría para que el mundo fuera diferente, no sólo para Nunnally, sino que finalmente para toda la humanidad. Con su muerte, Lelouch vi Britannia hizo lo que ningún Emperador o Emperatriz sería capaz de hacer en toda su vida. Después de todo, Lelouch fue el hombre que destruyó y reconstruyó al mundo.
“World, I command you. Obey me”
Lelouch vi Britannia, Code Geass R2, episode 25