Βερίτας…

絶対運命黙示録
- J.A. Seazer
Cuidado con las simulaciones, todo el mundo se las toma en serio. La gente no creyó a Semmelweis cuando trataba de convencer a los médicos de que se lavaran las manos antes de tocar a las parturientas. Decía cosas demasiado simples.
La gente cree al que le vende la loción para curar la calvicie. Algo les dice que ese individuo combina verdades que no se pueden combinar, que no razona correctamente ni tiene buena fe. Pero toda la vida han oído decir que Dios es complejo, e insondable, de modo que para ellos la incoherencia es lo que más se parece a la naturaleza divina. Lo inverosímil es lo que más se parece al milagro.
Ustedes han inventado una loción de esas que curan la calvicie.
No me gusta, es un juego horrendo.
- Umberto Eco. "El Péndulo de Foucault"
El valor de una obra lo determina el tiempo, el impacto que deja en la memoria de quienes la disfrutaron y que sólo puede apreciarse a la distancia. Por consenso colectivo, los rasgos de aquellas obras de mayor valor terminan por conformar un canon, el esquema en el que creaciones futuras se basarán (rendiéndole tributo o traicionándolo) para ganar un sitio en el recuerdo humano.
Y así, ad infinitum.
Pero, ¿qué sucede cuando una obra genera impacto, deja huella, por las razones menos meritorias?, ¿qué sucede cuando el núcleo, el fondo de la obra es opacado por la forma, por detalles externos que, aunque importantes, deberían ser un medio para apreciar su estructura y no un fin en sí mismos?
Ejemplo reciente de lo anterior podemos hallarlo en Death Note, y es que toda discusión respecto a la magnum-opus del duo conformado por Tsugumi Ohba y Takeshi Obata parece girar entorno al carisma de su elenco, a la intriga que genera su argumento, al horror que entraña su idea-báse que, aunque vitales (porque de otra forma no hubiera llamado la atención de miles alrededor del mundo), han opacado lo que -a título personal- constituye la esencia de esta historia: el concepto de "justicia".
Hay quienes opinan que abordar manga, anime o games desde una perspectiva más detallada (incluso académica) implica que la fría razón se imponga sobre las emociones, quitando sentido a los relatos de ficción. No obstante, para el que escribe es de suma importancia que ambas caras de la moneda estén vigentes puesto que, así como el fandom apasionado permite la difusión de contenidos, el análisis concreto de los mismos abre las puertas a que nuestro medio sea visto como algo más que una afición.
Bajo este esquema, Mikuru-chan, el Ladrón, un ESPer y su Amante fue uno de los primeros intentos de "juego serio" que este asqueroso blog tuvo el descaro de ofrecer a sus lectores. Aburrido a rabiar, dicho texto tuvo (¿tiene?) por objetivo apreciar la adaptación animada de Suzumiya Haruhi no Yuutsu bajo una luz distinta, mostrando que aún tal fenómeno mediático tiene estrechos vínculos con la literatura, la sociología, la teología, la física o la estética en general.
Sin embargo, a más de dos años de distancia observo que, mientras la popularidad de la serie sigue a la alza, las "discusiones" que genera siguen siendo sobre los mismos temas: temas de forma, temas evidentes. No quiero decir que tales comentarios sean por entero banales. No lo son. Pero, considerando el furor de la producción a la par del tiempo que tiene en el mercado, me extraña la (extrema) escasez de reviews que se atrevan a ver más allá de lo que ofrece la pantalla.
En este sentido, y en seguimiento al citado post, quiero centrar las miradas en un subestimado instante de Suzumiya Haruhi no Yuutsu VI (prefiero tomar como referencia el nombre del episodio y no el número, por razones de todos conocidas): el momento en que una absorta Haruhi se encuentra -por primera vez- frente a frente con uno de los gigantes que su poder ha creado. Las palabras son clave:
¡¿Qué es eso?!Detrás del aura de emoción y adrenalina pura, las palabras de Haruhi traen consigo una sensación tan profunda como distante a las anteriores.
¡¿Un monstruo?!
¡No es un espejismo, ¿cierto?!¡Tal vez sea un alien!
¡O tal vez la poderosa super arma de una civilización perdida!
Terror. Terror absoluto.
Desde su presentación, Haruhi se observa como un tributo a la excentricidad. La manía por ser distinta (y por rodearse de individuos "extraordinarios") es el único camino que encuentra hacia la libertad. No obstante, es en la escena en cuestión que Haruhi nos presenta el lado más oscuro de la libertad: la posibilidad de que todo sea permitido, de que todo derive en cualquier cosa.
Sin reglas, sin distinciones, el significado de cualquier acción, de cualquier sentimiento, de cualquier objeto, de cualquier ser se pierde para siempre. El gigante, que puede representar cualquier cosa (un monstruo, un alien, un arma ancestral), carece de obstáculos: puede tomar cualquier forma.
Haciendo honor a su omnipotente papel (y con pocas palabras), Haruhi traiciona aquella máxima que afirma que Dios no puede crear una piedra tan pesada que ni él mismo podría levantarla. Al superar la paradoja que implica su poder, Haruhi logra que todas las restricciones del universo desaparezcan.
Todo es posible.
Ergo, nada lo es.
Significado absoluto. Pérdida total de significado. Muerte.
Así, resulta una gran ironía que Kyon salve al universo entero -precisamente- traicionando la libertad absoluta que propone Haruhi. Libertad absoluta que incluso acabaría con la idea de "ser libres", puesto que la libertad sólo es cuando se cuenta con límites que nos permiten encaminarla y dotarla de sentido.
De ahí la necesidad de contar con la rutina.
De ahí la necesidad de ser predecibles.
Al final, Suzumiya Haruhi no Yuutsu, la obra que las masas enaltecen por su tributo a la excentricidad, aboga "entre líneas" por la predictabilidad, por la certeza, por la seguridad que nos brinda el saber que mañana, al despertar, el sol saldrá por el este y se pondrá en el oeste… y no al revés.
Al final, Suzumiya Haruhi no Yuutsu se anula a sí misma y es, si nos atrevemos a mirarla de esa forma, una burla: una cruel (y muy astuta) burla para todos aquellos que viven con una enferma fijación por ser diferentes, por separarse de la norma a cualquier precio.






Curioso, los primeros 3 o 4 párrafos parecieran aludir al tema del desorden cronológico de Haruhi, que, si bien era un aspecto importante, le otorgó un valor que era externo a la obra, luego se convierte en una opinión sobre aquél primer encuentro de Haruhi con sus creaciones, y lo valoras como un evento subestimado, lo comparto, pero a partir de ahí encuentro un poco de pérdida del tema central del post, creí que hiba a ser un comentario acerca de la tardanza de Haruhi 2, pero me encontré algo totalmente distinto.
Bue, a lo mejor son ilusiones mías XD, un saludo sensei.
Impecable apreciación sensei. ¿Qué decir que usted no haya dicho ya?…
Viéndolo desde un lado más general… llega a agobiar la enfatización que los fanatizados le llegan a dar a las obras que, quizás gracias a ellos, están en lo más alto de la popularidad… siendo que, tanto dicen apreciar estas obras, que tan poco conocen su significado.
Saludos ~
Estimado Koneko:
Al igual que en el articulo sobre Manabi-Chan nuevamente ha dicho usted lo que yo venia pensando sin darle forma fija. Usted lo ha puesto por palabras y en ese ultimo párrafo ha resumido todo.
Aunque me deja pensando la palabra “burla”… no estoy seguro de que sea tan asi. Kyon se compadece, no se burla, Kyon decide ir llenando la vida de Haruhi con el disfrute de lo pequeño y lo cotidiano, Kyon decide mostrar el absolutamente fascinante mundo en el que vive. Creo que esa es la actitud que nos invita a tomar, si nos sentimos como Haruhi, ser nuestro propio Kyon, si conocemos alguna Haruhi, ser su Kyon.
La necesidad de Haruhi de SENTIR a cualquier costo emociones fuertes, sentir que el mundo no es una apatia eterna y que demuestra por contradiccion en el absurdo cada ves que quizo emprender algo novedoso. Haruhi, aun siendo DIOS no se da cuenta de que los novedoso, lo increible, lo fascinante vive a su lado todo el tiempo. El problema no es de la realidad: es de Haruhi.
La paradoja tiene un error: Decir que “Dios inventa una piedra tan grande que no puede mover” es semanticamente equivalente a decir “que pierda su omnipotencia”. Es ridiculo y cruel pedirle a alguien que pierda su omnipotencia y luego burlarnos de que ya no es omnipotente.
Kyon es la via para que la Haruhi omnipotente se de cuenta de que no necesita todo lo que ha enfermizamente soñado, renuncie a su omnipotencia y acepte su humanidad con ternura.
Kyon tiene un don deseperantemente calmo para ser feliz.
las cosas kareserian de sentido si sabemos ke seran para siempre muchas cosas (como la propia vida) tienen sentido por el mero echo de ke estan acotadas por algo aunke creo ke haruhi tambien no kiso el cambio ya ke hay cosas ke podrian a ver sido parecidas en su nuevo mundo por no serian iguales. ya de por si teniendo en cuenta el ejemplo numerico ke da con las personas del estadio enterior (creo ke en el capitulo 5) creo ke fue la primera ves ke se dio cuenta ke personas en el mundo hay muchas y muy parecidas pero iguales ninguna
.He seguido la serialización tanto de la animación y novela de Suzumiya Haruhi, que, a decir verdad, ambas me agradan. Concuerdo con la mayoría del texto que ha escrito, aunque me quedé con la duda de “burla”, pero aún me alegro de saber que sí existen personas que ven de esa forma a Suzumiya Haruhi (como persona, y como serie).
Una extraña (y parcialmente terrorífica) forma de apreciar la vida.
Es realmente dificíl comentar sobre esta “burla”, esto me ha dejado pensando que quizas no lo entiendo tan bien como creia al principio. Cuando lo entienda mejor, volvere a comentar en el futuro. Gracias como siempre sensei