Abril 26, 2008
Neko’s Choice :: Melody Pick :: Triangler
Cual ave fénix de PVC, Melody Pick padece (a partir de la presente edición) una nueva transformación, y es que -finally!- este felino de dudosa calidad moral entró en la cuenta de que los posts en dicha categoría, al cabo de tanta palabrería, acababan centrando su atención en el proyecto animado al que pertenece la melodía que en el mismo tema musical.
Así, decidido a volver a sus orígenes (¿cuáles?), Melody Pick será un espacio para deliberar única y exclusivamente sobre la música, procurando que los comentarios sobre anime se conserven al mínimo (por ejemplo, en las siguientes líneas descubrirán que no menciono, ni por casualidad, the M word).
Por lo pronto, sólo "por lo pronto", les invito a desahogar sus penas de amores (que con pan son menos, y si es de dulce mejor) con una buena dosis de palabrería barata.
Y recuerden que la suma de los tres ángulos internos del objeto geométrico en cuestión no siempre da 180º…
… parece que Euclides nunca escuchó el Evangelio de St. Pat.

Aún recuerdo el aroma.
No era plástico o el típico olor de cualquier derivado del petróleo. En lo absoluto. Era algo distinto. ¿Perfume?
No estoy seguro. Si a estas alturas las imágenes (en retrospectiva) ya empiezan a nublarse, con los aromas el resultado es peor. Pero estoy seguro de que había algo diferente con respecto a otros discos compactos que había comprado.
Mayo. 2001. Tras semanas de angustiosa espera, Lucy estaba en mis manos. Nombre de mujer, y no era casualidad, pues el fruto del trabajo y la pasión entre dos féminas sólo puede tener nombre de mujer.
Maaya Sakamoto & Yoko Kanno.
Yoko Kanno & Maaya Sakamoto.
Dúo de maestra y pupila por excelencia (quién fue quién, ya no me queda muy claro), no era la primera vez que colaboraban de forma tan estrecha. De hecho, se trataba de su tercer proyecto conjunto de larga duración. Pero Lucy, que viniera a este mundo en marzo de 2001, sería un punto y aparte en sí mismo y en la brillante trayectoria de sus protagonistas.
36 años. 21 años. Una mujer en plenitud. Una dama en potencia. Cualquiera pensaría que ambas habrían pasado ya la etapa en que podían permitirse ciertas irreverencias y que había llegado el momento de orientar la mirada hacia otras latitudes.
Nada más equivocado.
Si bien Grapefruit y DIVE fueron excelsos experimentos melódicos en que Kanno (nos) mostró a Maaya el infinito espectro de la música y el sonido puros, y Maaya (nos) mostró a Kanno el también infinito espectro de sentimientos que matiza un corazón joven, Lucy marcaría el final de ese espíritu didáctico para -por primera vez- no caminar una detrás de la otra, sino al mismo nivel.

Por primera vez, maestra y pupila (e insisto: quién fue quién, nunca me quedará claro) se dejan de formalismos (si que alguna vez los hubo) y se revelan como -tal vez- lo que siempre desearon ser: compañeras, colegas, amigas, cómplices de una travesura de grandes proporciones.
Y es que eso fue Lucy: una travesura de dos colegialas en un día de pinta, un diario que dos chicas comparten no por página, ni por línea, sino letra por letra. Lucy fue (o es, mejor dicho) un lienzo vacío en que Yoko-chan pinta un hermoso escenario (un día soleado, una tarde lluviosa, una mañana de otoño, un acantilado, un mar de pleno azul) y Maaya-chan le da sentido delineando peculiares personajes (una amante furtiva, un ángel melancólico, una eterna poetisa, una pícara princesa, una voz más allá del tiempo y el espacio).
El cuadro podría disfrutarse por partes. Pero el saborearlo a plenitud es una experiencia incomparable.
Lucy fue la última noche de juerga antes de la graduación. El regalo que la mentora ofrece a su alumna en recompensa por el esfuerzo.
Lucy fue el principio de muchas cosas, incluso del final. A partir de entonces, la estrecha colaboración entre Kanno y Sakamoto se iría haciendo más y más distante. Pero esta gradual despedida no fue en vano. Todo tenía sentido. Ambas tenían que asimilar y ejecutar (por su cuenta) todo lo que una había aprendido de la otra en casi ocho años de labor común.
Incluso los grandes amigos ahogan, y sólo en la distancia (donde cada un@ puede SER en libertad) se les puede apreciar.
A partir de entonces, cada una empezaría a caminar por senderos distinos.

Kanno, por su parte, tomó las riendas melódicas (perciales o totales) de una amplia variedad de proyectos animados, live-action, comerciales e incluso colaboraciones en mainstream jpop, explorando fronteras vocales en las que seguramente jamás se hubiese aventurado sin lo que aprendió de Maaya
Sakamoto, con determinación propia de la edad y el momento, hizo de Easy Listening, Shounen Alice y Yunagi Loop oportunidades perfectas para dar rienda suelta a su naciente talento como letrista y arreglista. Discretas participaciones al inicio, pero que en la práctica verían nacer a una Maaya nueva, con voz propia, con una capacidad única para conmover y desatar coquetas carcajadas, para desatar la nostalgia y llenarnos de inspiración.
Scrap, Hero, 03.Todo eso (y mucho más) es Maaya Sakamoto.Hello, Yunagi Loop, a happy ending.
No Yoko Kanno, o Yoko Kanno con Maaya Sakamoto.
Simplemente Maaya Sakamoto. Cada vez más intensa. Cada vez más concisa, clara y fuerte.
Típico síntoma del pavor al cambio, muchos han despreciado la propuesta de Maaya (sólo Maaya) por considerarla "inferior" o "ininteligible" con respecto a sus primeros trabajos con Kanno.
Está de más reafirmar mi desacuerdo.
Nada me resulta más gratificante que un talento con voz propia, que un alumno que asimila lo mejor de sus maestros (que en este caso no sólo es uno, pues ahí tenemos a Tim Jensen, Chris Mondell, h-wonder, Ryoko Yoshimata, entre otros) para construir una propuesta única, suma de todo lo aprendido y ese "granito de arena" que lo transforma todo.
En algún momento, poco antes del lanzamiento de Lucy, leí una entrevista en que Maaya resumía la propuesta del álbum como "el sentido que la música pop debería tener". Fascinante y certero, pues la música pop no tiene (necesariamente) que ser vacía, repetitiva o ilusa. La música también puede ser un campo de juegos, pero un campo de juegos creativo, con sentido, con visión. Divertido y significativo. Emotivo y reflexivo por igual.
Desde 2001, tal ha sido (y será) la bandera de Maaya cantante: hacer de la música (sin prejuicios, sin moldes) su territorio y su desafío, hacer de ella una fuente de la juventud en que la tímida adolescente de Yakusoku wa Iranai sigue ahí, con la diferencia de que ahora es libre, libre para hablarnos cara a cara, libre para hablarnos del pasado y la oportunidad que se fue, del presente y su interminable angustia pasajera, del futuro y la última morada, de la muerte y los que dejaremos atrás…
Aún en temas en que su participación se reduce a lo obvio, Maaya se muestra como una intérprete única. Intérprete. Traduce los sentimientos del autor, los magnifica, los adereza, los impulsa y nos los hace llegar de una forma que nadie, nadie más sería capaz.
Y así. En ese estado. Llegó 30minutes night flight.
Y así. La influencia de Kanno (directa e indirecta) se fue para siempre.

30minutes night flight es Maaya Sakamoto en estado puro. Sin diluyentes ni conservadores. Es Maaya que nos habla de una narcoléptica velada, de un lazo que se dejó morir, de un recuerdo que no se dejará morir, de una canción de amor para un amor que aún no existe, de un mapa para viajar por el corazón…
y Universe.
Maaya cantante había sido muchas cosas. Cronista, reportera, adolescente enamorada, mujer realizada, el viento, un espíritu, un niño, una niña, un anciano, una anciana, el pasado, el futuro… pero jamás había sido poeta… y más aún, poeta eterna.
Con porte de poeta, Maaya se asume eterna y se dispone a mostrarnos, en un flash de proporciones inmensas, la historia de 60 millones de almas solitarias. Algunas vivas, otras fallecidas y muchas que están por venir. Todas en pena, pero todas destinadas a conocer su complemento. En algún momento, tal vez más allá de todo tiempo y espacio.
Y así, en lo que se perfilaría como un deprimente panorama, otra pequeña alma se suma a la larga lista de espera. Una en medio de millones. Pero ésta sabe que su momento llegará. Aún en medio del cosmos, su momento llegará.
Si Watashi wa Oka no eu Kara Kabin wo Nageru (último track de Lucy) graduó a Maaya con honores, Universe la consuma como artista en todo el sentido de la palabra.
Pocas veces tenemos oportunidad de apreciar el trabajo o instante preciso en que un creativo da EL paso definitivo en su carrera. Afortunadamente, Maaya no nos negó ese momento y Universe se revela como el sitio en que podemos decir, sin titubeos, "a partir de ahora, sea cual sea el resultado, sólo serás tú misma".
Y así. El ciclo se cierra.
Y así. Llega Triangler.
44 años. 28 años. Mismo camino. Distintas etapas. Cualquiera pensaría que han llegado a un punto en que dos mujeres podrían tener tan poco en común en lo personal y en lo profesional, que un reencuentro sería poco menos que incompatible.
Nada más equivocado.
Y es que solemos olvidar que, para este curioso par, la edad es un detalle sin importancia.
Nuevamente, como si sólo hubiesen pasado unas horas desde su última travesura, estas dos niñas vuelven a reunirse (en el lugar de siempre) para desarmar el mundo y reconstruirlo a su manera… pero hay algo distinto.
Nada es lo que parece, y Triangler tampoco. Prueba de ello es la línea que abre el panorama…
Dime, ¿a quién vas a besar?,La tradición obliga, y un tema que comienza con esas palabras no suele ser sino síntoma inequívoco de frivolidad absoluta.
¿a mí, o a esa chica?
La letra de Triangler (por sí misma) nos revela su propósito en pocos segundos: es una canción desesperada. Sin metáforas, sin doble sentido, sin significados ocultos. What you see is what you get. De la misma forma en que cuando vemos un enorme peñasco sólo vemos eso: una piedra.
Eso es Triangler. El Triangler de Gabriela Robin (una vieja conocida con un pequeño secreto, pero no abundaremos en ello).
Pero toda canción es más que su letra, y Triangler no es la excepción.
La letra (la piedra) está ahí. Pero incluso la roca más amorfa es invaluable materia prima en las manos adecuadas, y lo que en cualquier otro contexto no sería mas que una banal expresión de amor, Maaya y Yoko, Yoko y Maaya lo transforman en un campo de batalla, una clamor de furia, de celos, de tensión, de vanidad, una última oportunidad…
Dime, ¿a quién vas a besar?,… e imagino a la chica fúrica, harta de tanto esperar, que mira con desprecio a la mujer que ¿pretende? robar el objeto de su afecto. Pero esta chica también se yergue sobre su "amado", a quien exige una respuesta inmediata. Algo está claro: esto no es amor, es capricho.
¿a mí, o a esa chica?
El coro se repite cuatro veces más a lo largo de la canción, pero cada ocasión es distinta. Con cada repetición, la frase nos muestra una nueva faceta de nuestra protagonista: el desesperado reclamo inicial se transforma en inseguridad, en ternura, en amable petición para, finalmente, retomar la confianza con toda la seguridad de que ella (y no "esa chica de allá") será la ganadora.
Eso es Triangler. El Triangler que Maaya Sakamoto pule -centímetro a centímetro- hasta convertir en su propio Triangler. En parte para corresponder a la melodía creada por Kanno. En parte como obra propia.
Pero aún hay más. Pues así como los sentimientos se funden, vienen y van en cuestión de segundos y de versos, el panorama musical que les da sentido también se transforma.

Como si el tiempo no hubiera pasado por ella, Yoko-chan libera su mente, sus oídos y sus manos para ofrecernos una exorbitante fusión de ritmos, instrumentos, cadencias y sonidos. Como si el tiempo no hubiera pasado, Yoko-chan nos demuestra que la música tiene sus propios caminos, y que la orquestra no tiene por qué entrar en conflicto con el hard-rock, con el techno, con el new age, con el rock, con el pop más meloso…
"La música es una y es todas…", parece decirnos Yoko-chan, "… podemos disfrutarla por partes, completa o en selectas combinaciones, cada una será una experiencia distinta".
De los gritos al sarcasmo, de las lágrimas a la tierna nostalgia, de las risas a la duda. Cada sentimiento, cada estado es un color distinto, y esta melodía lo plasma de forma radical, aparentemente desordenada pero que, una vez sumergidos en su caos melódico, no tardamos en hallar el orden y la simetría.
Eso es Triangler. El Triangler que Yoko Kanno armó de pies a cabeza. En parte como pieza faltante en el rompecabezas delineado por Robin y Sakamoto. En parte como una obra propia.
Pero aún hay más. Pues el todo es diametralmente distinto a cada una de sus partes.
¿Y qué nos queda? Una historia. Los interminables segundos que separan una pregunta de su tan ansiada respuesta.
Dime, ¿a quién vas a besar?,Nada es lo que parece, y Triangler tampoco. La historia que nos ofrece va más allá del principio y el final. A lo largo de sus 4 minutos y 43 segundos conocemos no sólo la frustración de nuestra protagonista, sino que también tomamos el papel del indeciso joven y somos partícipes de su ceguera.
¿a mí, o a esa chica?
De hecho, llega un punto en que la duda nos enfrenta a quemarropa: ¿existe "la otra chica"?, ¿acaso la solución a este enigma no está en el joven, sino en la maquiavelica protagonista cuya inseguridad da vida a un tercer vértice?
Eso es Triangler. El Triangler que Gabriela Robin, Maaya Sakamoto y Yoko Kanno crearon hombro con hombro, paso a paso, uniendo talentos y respetando los propios. Todo a la vez.
Al final, Triangler se revela como un gigantesco "Rubik Cube" de infinitas permutaciones.
¿Cuál es la verdadera?
¿La de Gaby?
¿La de Maaya?
¿La de Yoko?
Ninguna. Todas y cada una.
Laberinto melódico, es difícil decir si Triangler marca el inicio de un nuevo ciclo de colaboraciones entre Maaya Sakamoto y Yoko Kanno (una nueva etapa en que nada será como antes, pues ambas ya aportan elementos tan distintos -y tan vitales- para la obra en conjunto, que nada sería igual si alguna llegase a faltar); una parte de mí espera que así sea, pero otra también espera que sus trabajos en solitaire sigan adelante.
Por lo pronto, sólo "por lo pronto", dejemos que las expectativas se queden en la sala de espera y dejemos que nuestra mente se pierda en una pregunta sin salida…
Dime, ¿a quién eliges?,No lo sé.
¿a la maestra o a la alumna?
Sinceramente, nunca tendré claro quién es quién.




