Abril 21, 2008

Gott ist Tot

¿Cuál es la esperanza del impío, por mucho que hubiere robado,
cuando Dios le quitare la vida?

¿Oirá Dios su clamor cuando la tribulación viniere sobre él?

¿Se deleitará en el Omnipotente?

¿Invocará a Dios en todo tiempo?

Yo os enseñaré en cuanto a la mano de Dios;

No esconderé lo que hay para con el Omnipotente.

He aquí que todos vosotros lo habéis visto;

¿Por qué, pues, os habéis hecho tan enteramente vanos?

- Job 27:8-12

 

El 6 de agosto de 1945, el mundo cambió para siempre. Para nosotros, los que únicamente tenemos el sencillo deber de no olvidar (y aún así, ¡cuánto  esfuerzo representa!), el acontecimiento no es más que un dato de cultura general, tal vez la pregunta clave para alcanzar la máxima nota en un examen,  quizás la sesión de trivia que nos lleve a ganar una apuesta, o la efeméride que olvidaremos a los pocos minutos… tras cambiar el canal.

Pero imagino, sólo imagino despertar al día siguiente y encontrarme (en las primeras planas de los diarios, en los titulares del noticiario radial) con que  "algo" terrible ha sucedido en algún punto del Océano Pacífico, que una monstruosa nube en forma de hongo se yerguía imponente tras un haz de luz que  pudo observarse a miles de kilómetros de distancia, que la que era considerada una de las ciudades portuarias más importantes de Japón hoy era, por  decir lo menos… nada.

140,000 personas. Todas vaporizadas en cuestión de milésimas de segundo. Hombres, mujeres, niños, ancianos. Militares y civiles. Seguidores y  detractores de las políticas del Emperador. Todos. Muertos. 140,000… sin mencionar otros cientos de miles de heridos cuyo calvario, consecuencia de la  radiación, sigue afectando (directa o indirectamente) a jóvenes de nuestra generación.

Tres días después, el 9 de agosto, los trágicos hechos se repetirían -con similares resultados- en la ciudad de Nagasaki. 80,000 personas.

La Gran Guerra terminó con una inverosímil desmostración de fuerza. Para algunos infame. Para otros despreciable e imperdonable. Cierto, lo es. Pero  también es cierto que ese par de devastadoras explosiones acabaron de tajo con los planes de centenares de grupos de poder que, de no haber finalizado  el conflicto de esa forma, aún tendrían la confianza suficiente para dar rienda suelta a sus ambiciones de rapiña.

Cierto, miles de inocentes padecieron un castigo que sólo debió estar dirigido a unas cuantas decenas de personas (e, irónicamente, el principal culpable  moriría en su palacio en 1989) pero el país, como tal, no era inocente. Ahí está la Masacre de Nanking, el bombardeo a Pearl Harbor, las horrendas  crónicas de prisioneros de guerra durante el conflicto ruso-japonés de 1904…

Cierto, las fatídicas caídas de Little Boy y Fat Man dieron pie a cruentas disputas que no dejarán de ser igual de crueles que la Gran Guerra pero, aún en  sus limitados (y parciales) alcances, la firma de rendición a bordo del acorazado USS Missouri y el posterior establecimiento de la Organización de las  Naciones Unidas ha representado la salvación de miles de vidas desde hace más de seis décadas.

Cierto, los conflictos no cesan. En estos precisos momentos un hombre, una mujer, un niño o un anciano cae acribillado por balas manufacturadas a  miles de kilómetros de distancia, bajo un régimen "libre".

Y si la pérdida inmisericorde de vidas inocentes es lamentable, más aún es el hecho de que quienes jalan el gatillo, quienes entierran la mina, quienes  detonan la bomba, quien entierran la daga se escudan cobardemente en lo que, tras destilar argumentos, únicamente se define como orgullo nacional o  mandato divino: el ancestral designio de un ser superior que ha hecho de mi país "la tierra prometida", las órdenes de mi señor que me ordena acabar con  quienes no le rindan culto, la voz de los cielos que hace de mi raza la más digna sobre el orbe.

Siendo fieles a una tradición de casi treinta años, Seiji Mizushima y Yousuke Kuroda no hicieron de Kidou Senshi Gundam 00 un manifiesto anti-bélico,  pues entienden muy bien, como Yoshiyuki Tomino lo planteara originalmente en 1979, que la guerra es el anticuerpo que una humanidad enferma pone en  práctica para alcanzar la estabilidad.

Por más de dos décadas y en una extensa selección de variantes mediáticas, la más grande franquicia de la industria del anime se ha encargado de representar el trágico anticuerpo en varios momentos y contextos. Todos distintos, todos dignos de reflexión, todos crueles y devastadores, pero al final  todos reducidos a un conflicto entre dos bandos.

Así, Mizushima, Kuroda y su ejército de secuaces (y lo fue: pocas veces un Gundam-project ha contado con un staff tan amplio) se vieron frente al desafío  de crear algo que respetara la esencia de la franquicia y que correspondiera a la visión, esperanzas y decepciones de una generación rodeada por el  miedo.

"La guerra que daría fin a todas las guerras". Una guerra sin cuartel en la que no habría piedad ni prisioneros. Una guerra en que toda desobediencia es  castigada. Una guerra en que la humanidad toda, sin distinción de raza o régimen político, es el enemigo principal. Una guerra contra Dios.

Kidou Senshi Gundam 00 abre el telón con un mundo que se enfrenta a una utópica pesadilla: un ejército libre, desligado de cualquier país o filiación  política o religiosa, un escuadrón con un poder superior a cualquiera conocido por la raza humana. Su nombre, más que simbólico: Celestial Being.

Con relativa facilidad, los enviados de los Cielos hacen valer su fuerza en medio de una humanidad fragmentada. Su evangelio de "cero tolerancia" le gana  por igual seguidores y detractores, pero nadie duda en doblar la rodilla ante su presencia. El trono de la más suprema autoridad finalmente cobra forma  física y nadie se atreve a matar en su nombre (pues el nuevo Dios aborrece la guerra), nadie de atreve a contradecirla (pues el nuevo Dios sólo admite  sumisión, jamás colaboración), pero…

¿A quién reza Dios cuando los problemas y la desesperación le abruman?

Poco tiempo tardan los enviados celestes en mostrar los mismos síntomas de cualquier ser humano, incluyendo el más terrible: no asumirse únicos responsables de cada bala disparada, de cada vida tomada.

Todos los integrantes de Celestial Being se someten a los designios de Veda. La mítica super-computadora rige todas sus acciones, justifica todos sus  actos, predice cuántos inocentes perecerán y lo convierte en estadística para futuras misiones. Nadie se atreve a desafiar la voluntad de Veda, que todos  consideran reflejo de la del mismo Aeolia Schenberg.

Aún los nuevos monarcas del mundo no son más que unos cobardes, y es precisamente su cobardía y falta de voz propia lo que les lleva a cometer error  tras error. Poco a poco, los otrora infalibles Gundam Meisters se muestran como un grupo de jóvenes derrotados y resentidos. Poco a poco, la voluntad  de Veda empieza a transgredir las creencias de los integrantes de Celestial Being… y surge la duda.

¿Es Veda quien pide que sus manos se sigan manchando de sangre inocente, o acaso alguien ocupa ahora el lugar de Veda?

Nuevamente, el trono de Dios se encuentra vacío.

Nuevamente, la confusión reina.

Y entonces, llega el momento de la verdad.

Es curioso que la escena que muchos consideran como el Deus-Ex-Machina más nefasto es, para mí, el instante que justifica toda esta historia.  Previendo que fuerzas futuras harían lo posible por apoderarse de su legado y actuar (deshonrosamente) en su nombre, Aeolia Schenberg pone en  práctica su última voluntad: otorga a los Gundam Meisters el Sistema Trans-AM, la oportunidad de aprovechar al máximo el poder de sus GN Drives.

"Veo con decepción que mi sueño no se ha cumplido…", afirma Schenberg, "… pero aún tengo esperanza".

En anticipado testamento, el fundador de Celestial Being destruye la estructura que tardó siglos en formar, y pone en manos de los jóvenes Meisters el máximo poder.

No más evangelios milenarios. No más memorias o legados por honrar. No más voluntad que obedecer. No más organización a la que sea necesario  someterse. No más.

Ahora sólo queda la voluntad. La responsabilidad que sólo puede atañer al invididuo y a nadie más. La madura convicción de que si jalo el gatillo, el pecado es mío. La firme reflexión de que si planto la bomba, la culpa es mía. La última conclusión de que si clavo la daga, yo soy el único al que habrán de  castigar.

No más deidades. No más países. No más leyes. No más estatutos.

Dios ha muerto y nosotros, los seres humanos, finalmente somos libres de elegir nuestro camino… y aceptar con valor las consecuencias.

Setsuna F. Seiei, Lockon Stratos, Allelujah Haptism, Tieria Erde… todos reciben el nuevo poder, reconocen su nuevo deber y aceptan, como todo buen  soldado, que aquellos que sólo sirven para destruir no pueden tener más futuro que perecer en el campo de batalla.

Ahora son ellos, y no Celestial Being, los que optan por tomar el futuro de la Tierra en sus manos. Lo que siguió a ese evento únicamente fue la consecuencia de tal decisión.

Kidou Senshi Gundam 00, como toda variante de esta extensa franquicia, puede apreciarse desde distintas perspectivas: desde la dinámica de la  política internacional, desde el deber de la milicia, desde las inocentes víctimas del terrorismo, desde los medios de comunicación, desde la cobardía de  los mercenarios, desde los necesarios poderes "detrás del trono", desde los nobles ideales de paz, desde la inevitable lucha para acanzar la utopía…

Este relato puede ser una y todas ellas pero, a título personal, Gundam 00 es la historia de una humanidad cuya única salvación es aprender a vivir sin  Dios, a seguir adelante sin escudarse en orgullos ajenos, en aceptar la responsabilidad de existir. Existir por uno mismo, no por una ley, no por una  doctrina, no por un grupo.

Ustedes pueden comprobarlo, estimados lectores. Aún en un mundo como el de hoy, ¡qué difícil es hacernos responsables de nuestros actos!

Y es aquí cuando nos enfrentamos a la ironía, al hecho de que sólo un acontecimiento tan deplorable como la guerra sea capaz de sacar a flote los juicios más severos sobre la naturaleza humana o sea el detonante de meritorias soluciones.

Por difícil y cruel que sea reconocerlo, con cada nuevo conflicto, con cada nueva pérdida de vidas, buena parte de la humanidad presta más atención y aboga por una vigilancia más estricta. Aún así se perderán muchas vidas, pero no nos queda sino creer y -por encima de todo- nunca, nunca olvidar.

Kidou Senshi Gundam 00 interrumpe su transmisión y la encomienda parece cumplida, pero el mismo estandarte que Gundam ha mantenido en alto por años lo dice todo…

La paz no es sino una pausa entre dos guerras.
La guerra es un estado natural,
y el final de un conflicto únicamente asienta el terreno para el próximo.
Mission Incompletefor now.


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  1. “El mundo vio maldad aquel día, dos hombres vieron algo más…”
    World Trade Center (2006)

    Así como la caída de las bombas en Hiroshima y Nagasaki trajo un cambio drástico al imperio del Sol Naciente, cada hecho transcendental en la historia de la humanidad ha servido para evolucionar; así como las más cruentas guerras han permitido el descubrimiento de nuevas tecnologías, así como la caída de un dictador puede desembocar en la anarquía de un país; así como el asesinato de un príncipe llevó a un continente a la 1er Guerra Mundial, así como la ambición de la “raza pura” llevó a Europa al 2do capítulo más cruento de su historia; así como el ataque a las islas de Hawái ocasionó la incursión de la potencia más grande del mundo de la actualidad a la 2da Guerra Mundial, y así como los planes macabros de un solo hombre marcaron la historia de la humanidad un 11 de Septiembre que nadie jamás podrá olvidar. Es así como descubrimos a Kidou Senshi Gundam 00; un mundo sumida en la lucha de poder por el nuevo recurso de la humanidad; la energía solar.

    “El fin justifica los medios”, quizás no es la frase más indicada, pero se aplica muy bien a lo que fue en un principio el objetivo de Celestial Being, utilizando el poder para acabar con todo conflicto en la Tierra; lo que más tarde desembocaría en el verdadero objetivo de su fundador, el unificar al mundo entero. Cuando la intervención de aquellos que contaban con sus propias ambiciones se interpuso en los planes originales, la decisión final quedó en manos de aquellos a los que se les encomendó la misión original de cambiar el mundo.

    “Sore de mo, kore kara wo, ashitta… Lyle ikiru mirai yo…”
    Lockon Stratos, Kidou Senshi Gundam 00 episodio 23
    “Onegai… sekai wo kaete… onegai…”
    Christina Sierra, Kidou Senshi Gundam 00 episodio 24.

    Una última plegaría de quienes saben que no podrán ver los frutos de aquello por lo que lucharon, por lo que encomiendan la tarea a quienes aún permanecen con el espíritu de continuar a pesar de las adversidades.

    “Has the world changed now, Mistress?
    Who knows?
    Do you not like the current world?
    I have my expectations that the world will change”

    El mundo aún no ha cambiado totalmente, por lo que la misión de Celestial Being aún continuará…

    Comment por Syaoran Li — 04/29/08 @ 2:30 am

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