Febrero 20, 2008

Neko’s Choice :: Anime Pick :: Harukanaru Omoi

Quienes conocen a Il Gato saben que éste es un ser de usos y costumbres muy bien definidos entre los que se encuentra, por supuesto, redactar manualmente los borradores de todo lo que ustedes pueden leer en Kickinekos, de ahí que buena parte de lo que observan -aún y cuando sea un post "reciente"- viene de semanas (si no es que meses) en una congeladora de grafito.

Sin embargo, en esta ocasión me daré el lujo (porque lo es) de "saltarme" un eslabón en el proceso de creación de textos y partir directamente de lo que dicte la mente. ¿Qué beneficios puede traer esta nueva estrategia?

No lo sé, pero juntos lo averiguaremos.

 

Y la que paga los platos rotos siempre es ella
La de a deveras
La que me cuida
La que me entibia mis noches de tanto frio
La que me espera
La que me aguanta
La enemiga del fantasma en mi cabeza

- Ricardo Arjona, "Ayúdame Freud" (Historias, 1994)


Para quienes empezamos realmente a desmenuzar este medio durante la década de los 90, Tenchi Muyo! representó uno de los más grandes placeres culpables. Sin ofrecer nada nuevo, valiéndose de contenidos ya probados pero cuidadosamente combinados, Masaki Kajishima nos ofreció la primera creación producto de esa "base de datos" que -durante casi dos décadas- se había venido desarrollando en la memoria del fandom y de la industria.

Romance colegial, invasiones alinígenas, chicas hermosas, imperios lejanos, criminales fugitivos, intrépidas policías, legados ancestrales, criaturas místicas, pícara comedia adolescente… en todos sus derivados, Tenchi Muyo! tomaba un poco de todo, lo "licuaba" conforme a las expectativas del momento y nos lo daba de beber por medio de toda clase de artilugios.

Proyecto que reunió todas las cualidades y defectos que el medio padecía en su momento, Tenchi Muyo! tiene el honor de haber "abierto" (oficialmente) las relaciones entre las casas productoras en Japón y el (incipiente, en ese entonces) mercado norteamericano, "matrimonio" que diera sus primeros frutos con el estreno en cines de Tenchi Muyo! in Love en 1996.

Aunque en la Unión Americana se dio a conocer más como un filme de acción y aventura, lo cierto es que Tenchi Muyo in Love! le permitió a la franquicia de Pioneer cimentarse como una saga sci-fi con identidad propia. Por primera ocasión, esta heterogénea mezcla de elementos se aleja de la parodia y empieza a "tomarse en serio" el universo que ha creado; la presencia de Kain (villano unilateral, más allá de lo humano, sin cualidades redentoras) y la primera aparición de Ayeka (madre del héroe, cuya inevitable muerte da un sentido agridulce a la victoria) nos permite observar a Tenchi & Co. bajo una nueva perspectiva, ya no más como simulación o farsa de otros mitos de la industria, sino como referente de sí mismos.

En muchos sentidos, Tenchi Muyo in Love! reflejó parte de la esencia del anime en los años 90: acción desbordada, comedia de enredos y conflictos, platónicos y silenciosos romances, una muy activa participación femenina pero, sobretodo, respeto por el papel del héroe y cómo éste mantiene el control sobre el resto de los elementos.

Desafortunadamente, el Universo Tenchi Muyo! se expandió a tal grado -y en tantas direcciones- que le fue imposible aprovechar eficazmente el éxito de In Love. Cada nuevo spin-off de la saga ofrecía los mismos personajes, pero con rasgos diamentralmente distintos, impidiendo que el público pudiera identificarse con ellos más allá de su apariencia.

Es así como llegamos a 1999, año que considero clave en la historia del medio (en primer lugar) porque fue el último año en que pudo apreciarse un amplio manejo de técnicas tradicionales de animación y (en segundo lugar) porque, si durante los últimas dos décadas el medio se había mantenido unido bajo una misma serie de esquemas e ideas, a partir de este año empezaría a mostrar los primeros signos de ruptura a través de nuevas -y más variadas- propuestas.

1999 también trajo consigo un nuevo largometraje basado en Tenchi Muyo! (el tercero en la cuenta, tras Manatsu no Eve), Harukanaru Omoi, que no sin premeditación llevaría el subtítulo de "Tenchi Muyo! In Love 2" pues, si bien no se trataba de una secuela directa del primer filme, el argumento volvía a girar en torno a un amor perdido dentro de la Familia Masaki.

Sin embargo, contrario a la tradición mix and match de esta franquicia, Tenchi Muyo! In Love 2 se atrevió a tomar un camino que muchos considerarían "suicida": alejar al trío protagonista de su idílico entorno para ubicarlos ante las presiones de nuestro mundo, sometiéndolos a una intensa discusión sobre verdades y mentiras, sobre el poder de seducción de nuestras fantasías, sobre los oscuros deseos que nacen aún en lo "superficial".

Harukanaru Omoi da inicio como cualquier substory de Tenchi Muyo! (que a la postre sería molde de muchas comedias románticas): Ayeka y Ryoko fastidiándose una y otra vez con tal de llamar la atención de Tenchi, a quien obligan a responder la pregunta definitiva para cualquier triángulo amoroso:

"¿A quién eliges?"

Con sabia determinación, Tenchi aprovecha la oportunidad y escapa del conflicto, huyendo hacia las colinas que rodean el Templo Masaki.

Nadie lo vuelve a ver.

Tenchi desaparece y es entonces cuando todo empieza a cambiar. Sin su razón de ser, Ryoko y Ayeka no tienen más opción que ir en busca de su "prometido", siempre de acuerdo a las indicaciones de Washuu. No obstante, tras seis meses de infructuosa búsqueda, la otrora implacable pirata estelar y la Princesa de Jurai se encuentran inmersas en una rutina que es todo lo contrario a lo que se espera de un personaje animado: trabajando como meseras en un restaurante de segunda, viviendo al día en una vieja habitación (a veces sin comer, a veces sin baño), cada vez con menos esperanzas de encontrar a Tenchi e incluso preguntándose si realmente ha valido la pena estar a su lado todo este tiempo, en espera de una romántica confesión que nunca llegará.

Tenchi desaparece y es entonces cuando su mundo se congela. Sin más preocupación que el presente y completamente ajeno al pasado, Tenchi despierta a un nuevo día bajo los cuidados de Haruna, una hermosa mujer que se muestra como la culminación de un sueño: una vida modesta en los viejos suburbios, él como un promisorio estudiante de arte, ella como una sencilla empleada en una tienda departamental, una vida juntos bajo cielos soleados y lluviosos. Una vida para dos… y nada más.

Eventualmente, los caminos de Tenchi, Ryoko y Ayeka vuelven a cruzarse, pero ya nada es lo que parece. La presencia de Haruna y su poder sobre Tenchi es algo que el duo de caricatura no puede explicar. Haruna no parece ser mas que una mujer ordinaria, pero mujer verdadera al fin y al cabo: una mujer que no duda en tocarlo, una cuyas intenciones no se quedan en frases cliché y se atreve a demostrarlo con hechos, una mujer que vive para él en cuerpo y alma, pero con los pies bien puestos sobre la tierra.

Haruna es una ilusión imperfecta… pero para Tenchi, alguien que siempre ha vivido en la perfección, en lo extraordinario como ordinario, en lo que escapa a la imaginación como rutina, tener ahora la oportunidad de vivir en un mundo donde no hay más que lo que nuestras manos pueden ofrecer es un sueño hecho realidad.

Impotentes ante la situación, Ryoko y Ayeka empiezan a preguntarse si esto es lo que Tenchi siempre deseó: una vida real, ilusoria, pero más "real" que todo lo que ha vivido hasta entonces.

Y en un mundo así, "real", "completo", ¿qué necesidad tienen ellas (una pirata estelar, una princesa galáctica) de existir?, ¿qué pueden hacer los poderes especiales, tecnología inverosímil y platónicos gestos de cariño ante la fuerza de dos cuerpos que se unen?

Sin duda, una jugada bastante arriesgada que en su momento no generó los resultados esperados pero que en retrospectiva, a casi una década de su estreno, ofrece detalles y reflexiones muy interesantes sobre la forma en que nuestro fandom "llena de significado" a la ficción, dejándose llevar por los centenares de mundos ideales que ésta nos brinda.

Digna producción de 1999, Harukanaru Omoi fue uno de los últimos largometrajes en que el uso de técnicas tradicionales fue primordial: detallados escenarios urbanos, rurales e imaginarios en que la paleta de colores se mueve entre lo sobrio y lo brillante. En respuesta a la seriedad del argumento, Hideki Takahashi modificó los diseños de personaje de Masaki Kajishima para que sus facciones se tornaran más sencillas y planas, un intermedio entre el mundo real y la expresividad del anime.

A partir de la desaparición de Tenchi (que sigue los protocolarios cliché de muchas producciones anime), el filme parece dividirse en dos, siendo necesario entender cómo opera esta dualidad para apreciar la propuesta del filme.

Por un lado tenemos a Ryoko y Ayeka, típicos personajes de ficción (desde la apariencia hasta la personalidad), poco a poco alejándose del colorido medio que les es familiar (las aventuras, las explosiones, las discusiones) para adentrarse en otro más sombrío, impredecible, en que cada acción tiene consecuencias. Gradualmente, las eternas rivales van perdiendo el brillo que las caracteriza: su actitud, su vestuario, sus gestos y hasta su vocabulario… todo en ellas empieza a ser semejante a cualquier persona.

Lentamente, la ficción se dirige hacia un mundo menos definido, gris, en que ya no es tan sencillo tomar decisiones o distinguir entre el bien y el mal.

Enseguida nos encontramos a Tenchi y Haruna totalmente sumergidos en ese mundo polivalente, disfrutrando una rutina típica de una joven pareja y contraria al comportamiento de cualquier personaje animado. El Tenchi Masaki que solíamos conocer ha desaparecido: este nuevo Tenchi (varonil, decidido, maduro) no vacila en tocar a la mujer que ama, en seguir su propio camino.

La historia de amor entre estos dos jóvenes se muestra ideal, pero "ideal" dentro de lo posible, con discusiones sobre el dinero que falta o esas aburridas charlas sobre el clima y la comida. Sin embargo, no todo marcha bien: los sueños de Tenchi le revelan formas y rostros que le son familiares, pero que no reconoce del todo; su apasionada pareja le brinda la estabilidad que siempre ha deseado, pero hay "algo" que está ausente, "algo" que Tenchi reconoce como parte de él pero que no puede encontrar, "algo" que -para disgusto de Haruna- ha empezado a expresar a través de sus dibujos.

Joven prodigio en las artes, los primeros dibujos que descubrimos del nuevo Tenchi son figuras cerradas, formas realistas y de tonalidades que no van más alla de lo que los sentidos perciben directamente. Más que dibujos son réplicas, reflejo de su nueva realidad, retratos que encuentran su máxima expresión en la figura de Haruna, su modelo principal y cuyo retrato (un boceto al inicio, a todo color al final) va progresando al tiempo que su "poder" sobre Tenchi disminuye… y es que, una vez que el joven descubre (¿redescubre?) esas nuevas formas, figuras que parecen humanas pero con rasgos (colores, figuras) que desafían la anatomía, no puede quitarlas de su mente.

Lentamente, la realidad se dirige hacia un mundo plástico, flexible, con roles y acciones que escapan a lo ordinario.

Como es de esperar, una vez que estos dos caminos se cruzan todas las involucradas cuestionan seriamente su presencia en la historia. Las representantes de ambos "mundos" se definen: en un extremo, Ryoko está a punto de resignarse a abandonar a Tenchi al darse cuenta que ella (Ryoko, la Pirata Espacial) jamás podrá dar a Tenchi el contacto y calor que Haruna le brinda; Ryoko es ideal, perfecta, predecible, y entre más intente acercarse al nuevo Tenchi más corre el riesgo de perder para siempre su personalidad.

Mientras tanto, del otro lado del espectro, Haruna (extraordinariamente interpretada por Kikuko Inoue) reconoce en su mayor virtud (su imperfección, su cuerpo y sentimientos) el límite que le impide alejar a Tenchi de la fascinante y sobrehumana Ryoko. Entre más impide que Ryoko se acerque a Tenchi, Haruna pierde -poco a poco- el amor y confianza de su pareja.

Al final, todo depende de Tenchi quien, de hecho, termina por elegir un camino (no revelaré cual, tendrán que averiguarlo por su cuenta), pero lo cierto es que su decisión no deja de tener consecuencias para él y para quienes le rodean.

Es interesante observar que, mientras buena parte de los movimientos de Ayeka, Ryoko y el resto de los personajes son limitados y con tendencia a lo inverosímil, las secuencias de Tenchi y Haruna están exquisitamente detalladas: el contacto entre las ropas, entre los cuerpos. Asimismo, se hace énfasis en lo incompatible que resulta la presencia de Ryoko y Ayeka en un mundo similar al nuestro: sus coloridas cabelleras (morada, plateada) y extravagante personalidad desentonan continuamente con el panorama.

A través de un manejo discreto y efectivo de metáforas (tal vez involuntarias), es inevitable encontrar en Harukanaru Omoi referencias directas a un tema por demás espinoso: la virtual satisfacción emocional (incluso sexual) que los mundos y personajes ideales que ofrece la ficción en todas sus formas pueden brindar (animación, literatura, cine, música, televisión) y que se han convertido en piedra angular de toda un conglomerado industrial (en que también se encuentra, por supuesto, nuestro medio), relegando una infinidad de significados y virtudes a un segundo plano.

Viviendo "en medio de dos mundos" (una suerte de realidad lejana y bizarra), los protagonistas de esta historia padecen (en sus términos) lamentables consecuencias. Sin tomar partido, Harukanaru Omoi nos deja con una velada respuesta: vivir "en medio de dos mundos" no trae sino lamentables consecuencias. Tanto la perspectiva de este mundo (el que se toca) se desvanece, como el verdadero propósito de ese otro mundo (el que se añora) empieza a perderse.

Curioso ejercicio de metaficción, es irónico que el mismo equipo que se valiera de la fascinación por los mitos de la industria para ofrecernos una brillante aventura adolescente ahora, con Tenchi Muyo! in Love 2, haya estado dispuesto a derribar "el castillo de naipes" y cuestionar a la audiencia sobre las razones que los han llevado a seguir a estos emblemáticos personajes por muchos años.

Por supuesto, este filme no fue el primero en abordar estas reflexiones, pero el hecho de que Harukanaru Omoi tenga su origen en una de las franquicias más explotadas y netamente "comerciales" del medio le dota de una ironía y redentora sinceridad que hacen que su propuesta merezca ser observada y apreciada a detalle.


2 Nekomentarios »

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  1. cito: si durante los últimas dos décadas el medio se había mantenido unido bajo una misma serie de esquemas e ideas, a partir de este año empezaría a mostrar los primeros signos de ruptura a través de nuevas -y más variadas- propuestas.

    ¡Mencionabas posts atras sobre los cliches en q actualmente se cae (en la industria), y citabas q gente como miyazaki o Anno estaban de alguna manera inconformes con esta manera de ver la industria, pero de alguna manera creo q el problema proviene mas de simples denominaciones q de contenido como tu mencionaste.

    Comment por lkolkj — 02/21/08 @ 1:38 pm

  2. cito: A partir de la desaparición de Tenchi (que sigue los protocolarios cliché de muchas producciones anime), el filme parece dividirse en dos, siendo necesario entender cómo opera esta dualidad para apreciar la propuesta del filme.

    Creo q la interpretaciòn en si ya depende del estado de animo y como es en si la persona, es como una pelicula muy aclamada pero q a uno le parece un bodrio, muy subjetivo. hasta la perspectiva q uno puede tener, podria diferir totalmente de la de otra persona

    Comment por lkolkj — 02/21/08 @ 1:48 pm

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