Si hay algo que me ha disgustado de Lucky Star (y si, cher public, me atreveré a cometer ese sacrilegio) es que las últimas cubiertas de su lanzamiento en DVD R2 no se comparan a la del primer volumen.
¿Las chicas de excursion, en la playa, jugueteando? Claro, es cute. ¿El Anime Tenchou y su dramático séquito? Claro, me provoca manly tears solo de verlo en acción… pero a lo que me refiero es que son lugares comunes en cuanto a cubiertas se refiere (aunque no tanto como las de Nanoha StrikerS, que parecen reuniones familiares).
La ilustración del primer volumen llamó poderosamente mi atención por ese sentimiento informal, espontáneo que transmite, como si la cámara estuviera "paseándose" por un salón de clases y -casualmente- hubiera atrapado a estas chicas en medio de importante reunión.

¿Una acalorada discusión, una amena charla, elegir quién sería la primera en cantar en el karaoke? No lo sabemos… de hecho, sólo ellas lo saben y ESO es lo fascinante (como la sonrisa de la Gioconda). La cámara nos convierte en intrusos invisibles, ocultos entre los escritorios, con la oportunidad única de entrar en su mundo y conocerlas de cerca.
Sí, oportunidad "única", porque se supone que no deberíamos estar ahí. Y aún así, entre todos los significados que podría tener esta pseudo-fotografía, no podemos dejar de pensar que se trata sólo de una pequeña y sencilla historia en una tarde escolar… como las millones de historias que se tejen día a día.
La cámara las atrapa un segundo para después, entre milésimas de nostalgia, dejarlas ir.
Todo eso puede transmitir una cubierta.
Afortunadamente, el séptimo volumen de la serie vuelve a emplear esta fórmula, aunque ahora la cámara no estaba "en busca de algo", simplemente estaba ahí, ocupada en sus artísticas faenas, mirando hacia el cielo, cuando -de pronto- dos jovencitas y un perro… símplemente pasan por ahí.

De nuevo, somos los invisibles, somos incapaces de entrar a ese mundo de color. Pero ahora son ellas las que están en movimiento, las que provocan el encuentro furtivo.
Dos amigas y un peludo compañero con rumbo desconocido en una mañana de primavera. ¿Una misión importante, las compras del día, una usual caminata? No lo sabemos… y ESO es lo fascinante pero, en contraste con esa tarde en el salón de clases, aquí el recuerdo es fugaz, la cámara probablemente no recuerde haber visto a estas chicas hasta observar, tiempo después, la imagen en forma.
Un instante en el tiempo, el fragmento de un recuerdo mucho más grande que, probablemente, representé más para nosotros que para ellas, que sólo iban de camino.
La cámara y sus vidas se cruzan por un segundo para después, sin siquiera notarlo, nunca volverse a ver. Un segundo que ahora durará por siempre.
Y todo, todo eso… en sólo un rectángulo de papel.