Uno de los grandes legados de la cultura occidental (por no decir "europea") como fuerza dominante es el análisis, es decir, la posibilidad de estudiar cualquier fenómeno a través de sus partes. Incluso podemos afirmar que la piedra angular de la "civilización" como la conocemos es el análisis. Sin embargo, como todo en la vida, existen efectos secundarios en los que muy pocos han reparado 1) porque no los ven o 2) porque no los perciben como tales.
Una de estas secuelas proviene del dualismo mente-cuerpo que ha prevalecido desde los tiempos de Descartes; división que, aderezada con un poco de totalitarismo religioso y doble moral burguesa, nos ha llevado a percibir mente y cuerpo no sólo como entidades separadas y diametralmente opuestas, sino también a tener al llamado intelecto por encima del recipiente que lo contiene, de ahí la vergüenza y velado desprecio/silencio que manifiesta la mayoría hacia buena parte de las funciones y sensaciones del cuerpo, pasando por el sexo, la defecación hasta un detalle tan sencillo como es el físico externo, de los pies a la cabeza.
Frustrante ironía, pues no hay mente sin cuerpo, no hay intelecto sin una forma que lo manifieste, así como no hay lógica que no termine por rendirse a los impulsos. Cuerpo y mente son uno y lo mismo. Y si somos nuestro cuerpo, ¿por qué habríamos de sentir vergüenza por nosotros mismos?; claro, no hablo de caer en extremos y acabar con la civilidad, pero sí de que una imagen más honesta de nosotros mismos, de nuestros congéneres y de la raza humana en general transformaría nuestra visión del mundo.
En este sentido, no termino de entender el desprecio que muchos manifiestan hacia lo que suele mal llamarse fanservice y que (suele) involucrar elementos propios o complementarios del cuerpo humano (primordialmente femenino porque, bueno, a pesar de las crecientes estadísticas, los caballeros son la primera presencia en el mercado del medio). No hablo precisamente del nicho eroge y/o de ero-anime (que están ahí, como el elefante en el cuarto, cada vez más grandes y aún ignorados/silenciados por occidente), sino de producciones regulares en que el cuerpo -o ciertas partes del mismo- tienen una presencia constante.
¿Por qué este desprecio y vergüenza?
Habrá quienes afirmen que no se está en contra de estos contenidos, sino de que los mismos estén por encima del desarrollo argumental, olvidando que toda producción lo es en su totalidad, incluyendo (o no) desnudos o semi-desnudos. El argumento, los personajes, los escenarios, el contexto, el "fanservice"… todo forma parte de un ente indivisible que les da forma y sentido; cada uno de estos elementos, por su cuenta, no tendrían valor.
Habrá quienes afirmen que la presencia de estos contenidos "vulgariza" el resto de una producción, lo que nos lleva nuevamente a la injustificada vergüenza (que es una forma de temor) hacia el cuerpo humano y lo que representa. ¿O acaso el que se muestre que Nayuki Minase (como cualquier adolescente) usa sostén me va a llevar a subestimar al personaje o la historia en que participa?, ¿por qué despreciar el erotismo de Kanokon cuando es una parte escencial para entender su argumento y a sus protagonistas?
Resulta curioso observar que entre muchos seguidores del medio en occidente (que, por las temáticas que aborda, supondría que fueran de amplio criterio) aún existe cierta renuencia a aceptar que los hombres tienen pene, las mujeres vulva y senos, que todos usamos ropa interior (más por higiene que por civilidad) y que todo esto es normal, que es parte de nosotros (que ES nosotros) y que la animación japonesa, al menos desde el inicio de su historia moderna (de 1968 en adelante), no sólo lo ha tenido presente sino que se ha permitido jugar con esa idea, recrearla y representarla en miles de formas como una más de las posibilidades que tiene el ser humano.
Chu-Bra!! es una propuesta muy interesante y cautivadora en donde las mujeres llevan la batuta: no sólo el material original es creado por una mujer, también su respectiva adaptación cuenta con el toque femenino en rubros de vital importancia para una producción que aborda la adolescencia en su plena expresión, desde los cambios y temores que puede originar un cuerpo en crecimiento, el despertar sexual y algo que va de la mano con estos dos factores: la conciencia de uno mismo y de los demás, de nuestra libertad, de nuestras limitantes, de lo que nos hace únicos y de lo que queremos hacer con nuestras vidas.
Todo a la vez. Porque la vida no analiza, no nos presenta estos retos por partes. Porque en la adolescencia, al igual (o incluso más) que en otras etapas de la vida, cuerpo y mente son uno y lo mismo.
La ropa interior femenina es el eje de Chu-Bra!!, pero también es símbolo de personalidad, de libertad, de amistad y camaradería, pero sobretodo del valor que requiere ser honestos con nosotros mismos. Nayu Hayama tiene un interés que pocos entienden. Un interés que pocos entienden y, como suele suceder con lo que no se entiende, muchos terminan por temer y rechazar, pero a través del cual ella cree firmemente que puede hacer del mundo un lugar mejor.
Nayu tiene el valor de ser honesta y eso tiene un precio. Pero para quienes estén dispuestos a afrontar el reto, el otro lado del camino les tiene reservadas las mejores recompensas, esas que son para siempre.
Y todo eso, sin menospreciar, ni rechazar, ni ocultar ningún detalle, es Chu-Bra!!
Bajo este signo es que me encuentro extasiado con la secuencia de cierre de la serie en cuestión, un emotivo homenaje a las ideas reflejadas en la serie que, a cargo de Fumie Muroi (dirección y storyboards) y con el apoyo de Yoshiko Okuda, Tadashi Kojima y Tetsuhito Saito, sin olvidar la excelente Shy Girls (en voz de Minori Chihara, Minako Kotobuki, Sayuri Yahagi y Yoko Hikasa), confirman en Chu-Bra!! mis expectativas hacia una propuesta que reitera que estas historias son capaces de enamorarnos en su totalidad, que cada detalle cuenta y que, en este caso en particular, hay (literalmente) mucha tela y encaje de donde cortar… tanto para damas como para caballeros.